Ciencia

Científicos exploran un último tramo del lugar más inhóspito entre Rusia y Alaska y se topan con un nuevo ecosistema: “Viven felizmente”

La investigadora Mengran Du se quedó de piedra al descubrir lo que se ocultaba en una inexplorada fosa de la zona hadal.

Zona hadal
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A miles de metros bajo la superficie del océano, en un lugar donde la luz del sol nunca llega y la presión es cuanto menos aplastante, un equipo de investigadores ha hecho un hallazgo que prácticamente redefine todo lo que sabíamos sobre las profundidades marinas. Durante una expedición en la zona hadal, el lugar donde se encuentra la famosa Fosa de las Marianas, la geocientífica Mengran Du aprovechó la última media hora de misión para explorar un tramo desconocido entre Rusia y Alaska. Y lo que encontró allí la dejó sin palabras.

Du se topó con todo un ecosistema sin precedentes. Ante sus ojos aparecieron almejas y gusanos tubícolas que nunca antes habían sido registrados a semejante profundidad, entre los 5.800 y 9.500 metros. ¿Cómo pueden sobrevivir allí abajo? Pues aplicando una estrategia muy curiosa: en lugar de depender de la luz del sol, obtienen energía gracias a bacterias que transforman metano y sulfuro de hidrógeno en alimento, un proceso conocido como quimiosíntesis.

Científicos exploran un último tramo del lugar más inhóspito entre Rusia y Alaska y se topan con un nuevo ecosistema: “Viven felizmente”

El milagro del infierno oceánico: organismos que sobreviven sin luz

Todos estos detalles se recogen en un interesante artículo de la revista , en el que también se explica que estos seres vivos logran prosperar en una larguísima franja submarina de 2.500 kilómetros de largo y en condiciones extremas. Según los expertos, el metano que los alimenta no proviene únicamente de materia orgánica que cae desde la superficie, sino que también es producido por microbios capaces de transformar el carbono en sedimento.

Esto convierte a las fosas en una especie de “centros de reciclaje” de carbono. De hecho, se habla de que sus sedimentos pueden almacenar hasta 70 veces más carbono orgánico que el resto del fondo marino. Se trata de un dato importantísimo que ayuda a entender su papel en la regulación de gases de efecto invernadero.

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Para los científicos, este descubrimiento abre la puerta a más investigaciones y reconfirma que incluso en los entornos más hostiles, la vida encuentra la forma de abrirse paso. “Aunque vamos la fosa hadal como un lugar inhóspito y peligroso, estos organismos viven felizmente allí”, resume Du.

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