Ruta Inti

Carta a los padres, a los ruteros y a la Ruta Inti: una vida comprimida en un mes

Diario AS vuelve a casa tras doce días en Ruta Inti, una expedición que traspasa el viaje y haría entender a un marciano cómo son las emociones humanas.

Carta a los padres, a los ruteros y a la Ruta Inti: una vida comprimida en un mes
Ruta Inti en Choquequirao / Mario Espinosa de los Monteros
Mario Espinosa de los Monteros
De El Ejido (Almería), estudió periodismo en Málaga y trabajó en Cope y La Opinión de Málaga. En Madrid hizo un máster en periodismo internacional. Inquieto por naturaleza, le interesa la geopolítica, la exploración, la aventura y el conflicto de Israel y Palestina. Hizo los cursos de periodismo de viajes de El País y de televisión de Atresmedia.
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Tiempo de despedidas, porque Ruta Inti se dirige desde hoy a la ciudad de Iquitos (Perú), en Amazonas, y Diario AS vuelve a casa. La primera etapa de la Ruta 2025 finaliza justo donde empezó, en Cuzco, puerta de entrada de tesoros incas escondidos en los Andes. Durante doce días, este medio ha viajado con una expedición multitudinaria de unos 200 jóvenes, ruteros y miembros del equipo de organización, a través de las montañas más altas de Sudamérica. Hemos visitado templos centenarios y convivido con un gran equipo humano y profesional.

La segunda parte de la Ruta Inti 2025 transcurre en la Amazonía peruana, donde los chicos visitarán variiccwin247.comunidades locales que residen allí. Rodeados de la flora y fauna más variada del planeta, conviviendo con otras culturas, es decir, otras formas de comprender este mundo. También tendrán que compartir tierra con el altísimo porcentaje de humedad y otro aún mayor índice de picaduras de mosquito. Pero de eso se trata la aventura.

En esta primera fase, arrancamos en Cuzco, desde donde nos desplazamos a varios lugares de relevancia inca, como el templo de Saqsaywaman, un templo que veneraba al Sol y la Luna, y que tuvo que construirse porque, según guías locales, el templo principal, Coricancha, se quedó pequeño. Los fieles al Sol eran tan numerosos que los incas decidieron levantar otra edificación para albergarlos, y lo hicieron con enormes piedras que, hasta el momento, no se conoce cómo se transportaron hasta la cumbre de la montaña donde se encuentra.

Hemos compartido muchas horas con todos los ruteros en caminatas y eternos traslados en autobuses. Los participantes, que tienen entre 18 y 25 años, y fueron seleccionados para ser parte de la Ruta Inti 2025, se han ido acostumbrando, a veces con dificultad, a lo que conlleva la aventura: pocas horas de sueño, grandes distancias caminadas, hambre ocasional… Pero con ello han ganado el regalo de la libertad, más capacidad de autogestión, paisajes que nunca olvidarán y nuevos amigos que serán aún más eternos.

Carta a los padres, a los ruteros y a la Ruta Inti: una vida comprimida en un mes
Ruteros de la Inti 2025 en un descanso en la subida hacia Choquequirao / Mario Espinosa de los Monteros

Todo aquel que ha pasado por Ruta confirma que es una experiencia transformadora. Lo fue con la Ruta Quetzal, y de hecho, muchos de los organizadores de Ruta Inti han formado parte de las expediciones de Miguel de la Quadra-Salcedo. Numerosos ruteros son familiares que participaron en la Quetzal, pero Ruta Inti ya tiene once años de antigüedad, mil aventuras a la espalda, batallas para conseguir patrocinios y otras tantas dificultades que resuelven como si hicieron malabares. Aunque Ruta Inti se nutrió de la Quetzal, tiene su identidad. Y tras doce días con ellos, podemos decir que es una experiencia única.

Por sus componentes de desconexión, comunidad, aventura y aprendizaje. Y porque no todo es cómodo, ni dormimos en hoteles ni en lugares cálidos. Hay momentos en los que uno quisiera comer más, dormir más, caminar y sudar menos; pero es la fuerza de un grupo la que empuja a llegar más lejos. A dar un paso más. Y luego otro. Seguramente, muchos chicos han conseguido algo que jamás creyeron que podrían hacer. De las casi 200 personas que formábamos parte de la expedición, la grandísima mayoría consiguió subir a Choquequirao tras un durísimo trekking de cinco días (ida y vuelta). Y los que se quedaron en el campamento lo hicieron por decisión propia, es decir, también tuvieron la fortaleza y honestidad necesaria para aceptar sus límites, una habilidad tremendamente valiosa y escasa. ¿Cuánta gente sabe genuinamente cuál es su momento y sus capacidades?

Sus hijos se han divertido, han dudado de por qué están ahí, cómo el resto de la Ruta, organizadores incluidos, al madrugar varios días a las 2:30 de la mañana. La proeza ocurre cuando, incluso arrastrando esa incertidumbre, enfrentaron el día, subieron esa montaña, y dieron un paso tras otro. Es difícil mantener la mente en el regalo del presente. Los ruteros lo consiguieron, pisotearon poco a poco el recelo y la desconfianza.

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En definitiva, si un marciano quisiera saber cómo es la vida humana, podría apuntarse al curso intensivo que es Ruta Inti. Ahí lo tienen todo: la máxima felicidad y las mayores dudas. Los sueños y los titubeos. La rabia. La fuerza, la empatía, la amistad y las lágrimas. Equivocados están quienes creen que Ruta es solo un viaje, es una vida comprimida en un mes. La Ruta está viva. Ahora, rumbo al Amazonas.

Si han seguido ustedes las aventuras de Ruta Inti en esta web, lo podrán seguir haciendo, a pesar de que volvamos a casa. La organización de la expedición escribirá en este periódico las crónicas de la aventura cada dos o tres días, hasta el próximo 16 de julio, día en el que finaliza por completo la expedición.

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