Sociedad

“Fue aterrador”: detienen a una mujer neozelandesa y a su hijo de seis años durante tres semanas en la aduana de EEUU

La mujer viajó a Vancouver (Canadá) para dejar a sus hijos mayores en el aeropuerto. A la vuela, la detuvieron en la frontera.

“Fue aterrador”: detienen a una mujer neozelandesa y a su hijo de seis años durante tres semanas en la aduana de EEUU
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Shara Shaw, una neozelandesa de 33 años que vive en Washington, dejó en el aeropuerto de Vancouver (Canadá) a sus dos hijos mayores para que volasen desde ahí a Nueva Zelanda para que pasaran unas vacaciones con sus abuelos. Sin embargo, al volver a Estados Unidos, la detuvieron en la frontera junto a su otro hijo de seis años.

Cuando intentó entrar en EEUU, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la detuvo a ella y a su hijo. El ICE los trasladó a un centro de procesamiento de inmigración de Dilley (Texas), lugar donde le retiraron su teléfono móvil y donde vive desde hace tres semanas.

Su defensora y portavoz es su amiga Victoria Besancon, que asegura que Shaw y su hijo están viviendo una situación “aterradora” y que ambos están siendo tratados como “criminales”. El centro de inmigración en el que Shaw permanece se encuentra a mucha distancia de su residencia en Washington.

“Sarah pensó que la estaban secuestrando”, ha señalado Besancon. “Al principio no le explicaron nada, simplemente se la llevaron a ella y a su hijo sin hacer mucho ruido y los metieron enseguida en una especie de furgoneta blanca sin distintivos”.

Según explica la defensora, Shaw y su hijo son las únicas personas que hablan inglés en el centro de inmigración. Allí, se encuentran encerrados en su habitación compartida desde las 8 de la tarde hasta las 8 de la mañana, y no les dejan utilizar su propia ropa. “Es realmente como estar en la cárcel... ha sido absolutamente devastador y es algo bárbaro”, indica Besancon.

¿Por qué detuvieron a Shaw y su hijo?

Según explica , Shaw tiene una visa conocida como “tarjeta combinada”, compuesta por una visa de trabajo, (la obtuvo gracias a su empleo en un centro de detención juvenil), y una visa I-360, que da estatus migratorio a sobrevivientes de violencia doméstica. Al parecer, Shaw recibió una carta que confirmaba la renovación de su visa, pero no se dio cuenta de que la I-360 aun estaba pendiente de aprobación.

“No fue hasta que intentó volver a cruzar la frontera que se dio cuenta de que solo la mitad de la tarjeta combinada había sido completamente aprobada”, ha explicado su amiga y defensora.

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De acuerdo con el medio citado, las autoridades fronterizas no estaban obligadas a detener a Shaw, podrían haber solicitado la libertad condicional humanitaria. “Es muy desgarrador ver ahora a personas que, como Sarah, no solo son legales, sino que también contribuyen a la sociedad estadounidense [...] Ella brinda terapia y asesoramiento a algunos de nuestros jóvenes en mayor riesgo… y ser tratada como una criminal ha sido absolutamente devastador”.

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