La mayor evacuación de la historia no fue en Dunkerque, fue en Nueva York durante los atentados del 11S
Cientos de barcos respondieron a una llamada de auxilio en un acto espontaneo de coraje para rescatar a medio millón de personas atrapadas en Manhattan.


El 11 de septiembre de 2001, Manhattan se convirtió en un caos. A las 8:46 de la mañana se produjo una explosión en la Torre Norte del World Trade Center. Un avión había chocado con el edificio. Las televisiones de todo el mundo conectaron con Nueva York, y todo el planeta vio en directo cómo a las 9:03, 17 minutos después del primer impacto, un segundo avión se estrellaba contra la Torre Sur. Ya no había dudas: ¡Alguien estaba atacando Nueva York!
La gente que estaba en la ciudad entró en pánico y solo pensaba en una cosa, salir de allí cuanto antes. Pero el metro suspendió su servicio en el Bajo Manhattan después del segundo impacto y a las 9:21 se ordenó el cierre de los túneles y puentes que conectan la isla con el continente. Solo se dejaron parcialmente abiertos al tráfico peatonal los puentes de Brooklyn, Manhattan y Williamsburg. El objetivo era prevenir nuevos ataques o sabotajes a arterias clave de comunicación y mantener despejadas las vías para el acceso de fuerzas de seguridad y equipos de emergencia. Sin embargo, blindar la isla provocó que cientos de miles de personas que iban diariamente a trabajar a Manhattan quedaran atrapadas, sin ninguna posibilidad de escapar de una ratonera y mirando al cielo esperando el siguiente ataque.
Una multitud en los muelles
A las 9:59 colapsó la Torre Sur del World Trade Center y 29 minutos después se derrumbó la Torre Norte. Una nube tóxica de escombros, metal y ceniza envolvió el sur de la isla, convirtiéndolo en un escenario apocalíptico en el que no se veía nada, no se podía respirar, y del que surgían sin parar espectros en shock, cubiertos de polvo. Y lo que al principio era un goteo de gente, se convirtió en una multitud que se agolpaba en los muelles pidiendo ayuda.
En un primer momento, se cerró el puerto de Nueva York, pero los guardacostas se dieron cuenta de que un gran gentío se estaba acumulando en Battery Park y en otros puntos de la orilla. De inmediato empezaron su evacuación, pero se vieron desbordados. En el estado de pánico en que se encontraba la multitud, o recibían más ayuda y se organizaban, o podría suceder otra tragedia. Alguna gente se lanzaba al agua para intentar subir a cualquier embarcación con tal de salir de allí. Era urgente transmitir calma para evitar que aquello estallara.

Una llamada legendaria
Entonces, el teniente del servicio de guardacostas Michael Day, a bordo del barco piloto New York de 100 pies, transmitió una legendaria llamada de emergencia por radio que inició un milagro y la mayor evacuación de la historia en un día: “A todos los barcos disponibles, habla la Guardia Costera de los Estados Unidos... cualquiera que quiera ayudar con la evacuación del Bajo Manhattan, preséntese en Governor’s Island.”
Como por arte de magia, comenzaron a aparecer naves por todas partes. Ferries, remolcadores, barcos turísticos, embarcaciones privadas, pequeñas lanchas… incluso buques mercantes. Se calcula que acudieron a la llamada unas 150 naves y alrededor de 600 marineros. Desde el famoso ferry de Staten Island, que podía sacar hasta 6.000 personas en cada viaje, a pequeñas lanchas neumáticas con capacidad para dos o tres pasajeros.
Un gran ballet en le Hudson
Algunos de los protagonistas cuentan que jamás vieron tantas embarcaciones juntas en el Río Hudson. Todas ellas se movieron como en un gran ballet, trasladando gente sin parar de un lado a otro del río sin que hubiera en toda la jornada ni un solo incidente grave. No hubo ni una colisión importante entre embarcaciones, pese al tráfico improvisado y a que los barcos tenían que comunicarse mediante señales, por la saturación de las radios. Desde muy pronto, se escribieron en sábanas o en cualquier parte de cada embarcación su lugar de destino, y en el viaje de vuelta llevaban a Manhattan suministros y trabajadores de los servicios de emergencia.
Muchos de los marinos que participaron en aquella jornada, que se alargó durante más de nueve horas y rescató entre 270.000 y 500.000 personas, cuentan que cuando escucharon la llamada de socorro “no sabíamos si íbamos a volver. Pero sabíamos que teníamos que ir”. La percepción general era que estaban atacando Manhattan y ninguno sabía lo que se iba a encontrar allí: “No sabíamos si habría otro ataque. Pero nadie dudó. Todos queríamos ayudar”. Muchos de aquellos voluntarios sufrieron después estrés postraumático o se sintieron culpables: “Tenía que haber hecho más”.
Durante años, esta operación espontánea pasó desapercibida, a pesar de que, según James Loy, comandante de la Guardia Costera, la evacuación de 500.000 personas en nueve horas fue aún mayor que los 338.000 soldados que fueron rescatados en Dunkerque durante 9 días en 1940. Diez años después de los atentados, se publicó un documental de 12 minutos, “BOATLIFT - An Untold Tale of 9/11 Resilience”, narrado por Tom Hanks, que dio a conocer la magnitud del rescate y el valor de los protagonistas de una de las mayores gestas civiles de la historia.
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