Sociedad

La obsesión de los nazis con el Santo Grial, la supuesta reliquia de la Última Cena de Jesús buscada por todo el mundo

Himmler viajó a Barcelona en 1940 convencido de que la Abadía de Montserrat escondía en sus túneles el cáliz del que bebió Cristo en la última cena.

Santo Cáliz de la Catedral de Valencia
Mariano Tovar
Empezó a trabajar en AS en 1992 en la producción de especiales, guías, revistas y productos editoriales. Ha sido portadista de periódico, redactor jefe de diseño e infografía desde 1999 y pionero en la información de NFL en España con el blog y el podcast Zona Roja. Actualmente está centrado en la realización de especiales web e historias visuales
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El Jueves Santo, la Iglesia Católica celebra la instauración de la Eucaristía en la última cena, donde Jesús compartió con sus discípulos el pan y el vino, convertidos en su cuerpo y su sangre. Durante esa cena se usó un objeto que con los siglos se volvió legendario y cuya búsqueda se convirtió en una obsesión para muchos: el Santo Grial.

Según los evangelios apócrifos, José de Arimatea se quedó la copa que Cristo había usado durante la última cena y recogió con ella su sangre tras ser crucificado en el Gólgota. Días después, Jesús se la apareció y le dijo: “Tú custodiarás el Grial”. Según la leyenda, José fundó la primera iglesia en las Islas Británicas, hasta donde llevó la reliquia, que se convirtió en un objeto central alrededor del que gira gran parte de la Leyenda Artúrica.

El Santo Grial y el nazismo

Pero el Santo Grial no solo fascinó a los escritores medievales. Adolf Hitler, que siempre estuvo obsesionado con lo exotérico, tenía entre ceja y ceja conseguir encontrar el Grial a toda costa. Heinrich Himmler, tan obsesionado como su líder, estaba convencido de que con él conseguirían el poder de matar a sus enemigos y curar a sus propias tropas.

El propio Himmler fundó la ‘Ahnenerbe’ (‘Herencia de los Ancestros’). Un instituto nazi que investigaba la superioridad racial de la raza aria. Llegaron a conclusiones tan peregriniccwin247.como que Jesús no era judío, sino ario, y que el Santo Grial, la lanza de Longinos que atravesó el cotado de Cristo crucificado y otros objetos míticos de la tradición judeocristiana podrían inclinar la guerra a su favor.

El Indiana Jones de Hitler

Por eso, desde la llegada del nazismo al poder en Alemania, se lanzaron a una búsqueda desenfrenada de todos esos objetos en la que tuvo un gran protagonismo Otto Willhelm Rahn, el ‘Indiana Jones’ particular del Hitler. Rahn era un medievalista que había dedicado su vida a estudiar el Grial. Escribió ‘Cruzada contra el Grial, trilogía del Catarismo’ que se había convertido en libro de cabecera de Himmler. Este contrató a Rahn, le dio un alto cargo en la Ahnenerbe, le hizo oficial de las SS sin importarle que fuera judío y le importara un pimiento el nazismo y le dio la orden de encontrar el Grial costase lo que costase.

Rahn estaba convencido de que los últimos que tuvieron en su poder el Grial fueron los cátaros, una escisión del cristianismo surgida en la Edad Media, que se estableció en el sureste de Francia durante el siglo XII. Viajó en dos ocasiones a Montsegur (Francia), exploró las ruinas del último bastión cátaro y las cuevas cercanas, pero no encontró nada de nada. Entonces llegó a la conclusión de que, tras exterminar a los cátaros, la Iglesia Católica había escondido el grial en la abadía de Montserrat. Y ahí se empezó a gestar el viaje de Himmler a España para robar el Grial.

La obsesión de los nazis con el Santo Grial, la supuesta reliquia de la Última Cena de Jesús buscada por todo el mundo
Himmler sale de la Abadía de Montserrat después de visitarla el 23 de octubre de 1940.

En busca del Grial en Montserrat

El 23 de octubre de 1940 tuvo lugar en Hendaya la famosa reunión en la que Hitler no consiguió que Franco entrara en la guerra. Pero ese mismo día hubo otro viaje a España que para los nazis era igual de importante y que terminó de la misma manera decepcionante: Himmler fue a Barcelona para llevarse el Santo Grial de la Abadía de Montserrat.

El motivo oficial el viaje era la creación en España de una policía política, pero desde la llegada a Barcelona lo único que parecía interesar a Himmler era visitar el monasterio benedictino acompañado de un séquito de oficiales de las SS curiosamente numeroso. Sin embargo, los monjes no hicieron un recibimiento demasiado diplomático a la comitiva nazi. El abad, Antoni María Marcet, y el coadjutor, Aureli María Escarré, se excusaron de recibirlos argumentando que no sabían hablar alemán. En su lugar, enviaron a un joven monje, Andreu Ripol Noble, para que les hiciera una visita guiada. Durante el recorrido, Himmler le preguntó una y otra vez a un estupefacto Ripol si el Santo Grial estaba guardado en los túneles de la abadía. “Aquí no hay ningún Grial”, fue la frase más repetida por el monje a lo largo de la tarde.

Las crónicas aseguran que Himmler abandonó enfadadísimo y muy frustrado la abadía. Y aunque la Ahnenerbe siguió buscando el Grial por toda Europa durante toda la guerra, no fue capaz de encontrarlo. Eso sí, por el camino se saquearon bastantes museos.

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Por suerte, no se les ocurrió buscarlo en la catedral de Santa María de Valencia, donde se encuentra desde 1437 una copa de calcedonia con diseño hebreo, fechada en el siglo I y contemporánea a Herodes el Grande, que la propia Iglesia católica reconoce como una de las reliquias más importantes de toda la cristiandad.

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