Las tuberías de 7,5 cm que pocos saben que impidieron que Alemania ganase la Segunda Guerra Mundial
Oculta bajo las aguas del Canal de la Mancha, una red secreta de oleoductos jugó un papel decisivo en la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la Europa ocupada por las fuerzas del Eje, una silenciosa pero vital operación se llevaba a cabo en las profundidades del mar Se trataba del proyecto PLUTO (Pipeline Under The Ocean), una red de oleoductos submarinos que permitió a los Aliados abastecer de combustible a sus tropas tras el desembarco en Normandía. Y sin este suministro continuo, muchos historiadores, entre los que se incluyen profesionales del Museo Imperial de la Guerra británico, creen que la mayor contienda de la humanidad podría haber tenido otro desenlace.
En 1942, con los preparativos para la liberación de Europa en marcha, las autoridades británicas sabían que el éxito del Día D no dependería solo del número de soldados desplegados, sino también del suministro constante de combustible. Se estimaba que el 60% del peso de los suministros que cruzarían el canal sería precisamente combustible.
Pero transportar millones de litros diarios en buques cisterna era arriesgado. El Canal de la Mancha estaba minado, vigilado por submarinos alemanes y constantemente azotado por tormentas. La posibilidad de disponer de un puerto seguro en Francia justo después del desembarco también era incierta.
Fue entonces cuando surgió una idea aparentemente imposible: tender un oleoducto bajo la frontera marítima entre las Islas Británicas e Europa.
De lo impensable a lo imprescindible
Según el museo británico, el vicealmirante Louis Mountbatten, jefe del Estado Mayor de Operaciones Combinadas, —cuerpo exclusivo para bordar el “Plan de ataque a Europa a través del Canal de la Mancha— propuso la iniciativa al ministro de Combustible, Geoffrey Lloyd. Con la tecnología y conocimientos de la época la idea era algo imposible.
Sin embargo, el ingeniero Clifford Hartley, de la Compañía de Petróleos Anglo-Persa (APOC, de sus siglas en inglés), fue clave. Su experiencia en la construcción de oleoductos en Irán lo llevó a creer que era posible replicar la técnica en el lecho marino. Hartley propuso una tubería de pequeño diámetro, similar a los cables de telecomunicaciones, que pudiera ser instalada por barcos cableros adaptados.
El resultado fue una tubería multicapa con un tubo interior de plomo prensado de 7,5 centímetros de diámetro, rodeado de asfalto, papel tratado, cinta de acero, alambre galvanizado y camuflaje. A pesar de su tamaño modesto, era capaz de transportar hasta 250.000 litros al día a altísima presión (10.000 kPa).
La primera prueba se realizó con éxito en octubre de 1942, entre el suroeste de Inglaterra y Gales. A partir de ahí, la producción se aceleró tanto en Reino Unido como en Estados Unidos. Más de 1.500 kilómetros de tuberías estaban listos para el desembarco.
El secreto era absoluto: las estaciones de bombeo en la costa británica se camuflaron como casas de vacaciones, tiendas e incluso parques de atracciones. Todo el material se transportaba de noche, bajo lonas impermeables. En junio de 1943, se eligieron los puntos de llegada en Francia: Cherburgo y Ambleteuse, bautizados como Bambi y Dumbo, en línea con el nombre clave PLUTO.
Cuando el combustible fluyó, la victoria se aceleró
Aunque las tropas desembarcaron el 6 de junio de 1944, el bombeo no comenzó hasta el 12 de agosto. Pero una vez iniciado, cambió el curso de la guerra. En su punto máximo, 17 oleoductos submarinos abastecían a las fuerzas aliadas con hasta 4,5 millones de litros diarios de combustible directamente desde Inglaterra.
Gracias a PLUTO, los aliados contaban con estaciones de suministro propias en suelo francés. Sin depender de puertos capturados ni de buques vulnerables, los tanques y vehículos avanzaron con un flujo constante de energía. “Sin estas tuberías de 7,5 cm, Alemania podría haber ganado la guerra”, afirma el Museo Imperial de la Guerra según diversos medios británicos, El proyecto demostró cómo la ingeniería silenciosa, lejos del campo de batalla, puede decidir el rumbo de un conflicto global.
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