Si sueles dormirte en el sofá en vez de en tu cama, la psicología dice que tienes estos 3 rasgos comunes
El descanso constante fuera de la cama puede afectar a la salud y al reposo, así como ser un índice de ciertos rasgos de personalidad.


El descanso constante fuera de la cama puede afectar a la salud y al reposo, así como ser un índice de ciertos rasgos de personalidad.
El sofá supone un lugar de descanso en el hogar, pero también una zona en la que poder socializar. Las personas que utilizan esta parte de sus casas para dormir pueden presentar ciertos patrones de personalidad y emocionales similares entre ellos.
Llegar a casa tras una larga jornada de trabajo, o simplemente tumbarse en el sofá después de comer para descansar, pueden generar de manera indirecta una rutina diaria que conlleve un sueño profundo antes de acostarse en la cama por la noche. Esto no solo puede afectar a los ciclos de sueño, evitando un descanso rápido y reparador por las noches, sino que además podría ser indicios de síndrome de Burnout.
Hay varios factores relacionados con el descanso en el sofá. Por ello, varios psicólogos e institutos han desarrollado una comprensión generalizada sobre la experiencia de quienes se quedan dormidos en el salón de sus casas. Según la Sociedad del Sueño, las personas mayores suelen quejarse por dolor de espalda muchas veces derivado de una mala posición al descansar en el sofá. Así mismo, estas personas suelen coincidir en varios rasgos de personalidad comunes entre ellos, en cuanto a su manera de relacionarse con el resto, cómo gestionan el tiempo o su manera de trabajar.
Dificultad para relajarse
La realización constante de tareas puede acabar fatigando a una persona, sobre todo si se trata de alguien que lleva a cabo múltiples de ellas. Las personas multitareas son más propensas a caer rendidas al sofá. “Son personas que viven intensamente, tienen muchas responsabilidades o actividades a la vez, y por la noche se sienten moralmente agotadas, pero son incapaces de desconectar”, explica la Sociedad para el Estudio del Sueño.
Se trata de personas muy exigentes consigo mismas, incapaces de relajarse y tomarse un tiempo para disfrutar. Viven haciendo tareas constantemente y cuando se sientan en el sofá a ver la televisión o a estar con el móvil, su cuerpo aprovecha para descansar y caen rendidas. Según el Instituto Europeo de Psicología Positiva, las personas multitareas tienen dificultades para terminar el día relajadas.
No permitir un descanso consciente a su cuerpo es una característica común en las personas que duermen de manera casi diaria en el sofá. Son personas que se esfuerzan demasiado y no se permiten momentos para relajarse. Según el instituto, “en estos casos, quedarse dormido en el sofá representa una desconexión que sustituye un régimen de descanso saludable y planificado”.
El sofá como un salvavidas a la soledad
El salón de la casa puede convertirse en un espacio seguro para aquellas personas que tienen tendencias a quedarse solas. Un puente entre el día y la noche que evita deambular por la habitación. Según el Departamento de Psicología de la Universidad de Cambridge, las personas suelen compensar la falta de conexiones emocionales ante un constante aislamiento social.
Aquellos que viven solos en sus casas o que no tienen interacciones fuertes o constantes con otras personas suelen ver el sofá como un refugio para sus emociones. Acostarse en él supone una especie de “ritual” que da la falsa sensación de pertenencia a algo. Este comportamiento puede asociarse también a síntomas de ansiedad o insatisfacción personal.
No dejes para la mañana lo que puedas hacer hoy
Limpiar, ducharse u organizar la ropa pueden ser tareas poco apetecibles. Según la Asociación de Psicología del Comportamiento, caerse rendido al sofá puede ser una manera indirecta de la mente para evadir las responsabilidades. Una manera de procrastinar las tareas y dejarlas para después.
La relajación inmediata que ofrece el sofá puede provocar una pérdida en el ritmo circadiano si se prolonga el suelo durante demasiado tiempo. Es una manera de romper la noción de día y noche con tal de procrastinar las tareas. Según la asociación, “se evita conscientemente una tarea o situación que causa incomodidad o aburrimiento, incluso si forma parte del autocuidado”. La Sociedad del Sueño añade que la fragmentación del sueño puede hacer se vuelva “menos reparador” y provocar “una sensación de fatiga acumulada”.
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