Un agricultor tuvo una idea para no tirar más de 500 toneladas de patatas: tiempo después, decenas de coches invadieron su campo
La mala venta de los tubérculos de la temporada pasada convenció al granjero para querer darles un nuevo uso y ayudar al mismo tiempo a los demás.


Un agricultor de Aube y propietario de tierras en Marne, Francia, se encontró con varios cientos de toneladas de patatas no vendidas en su granero. Era todo un desperdicio, sobre todo porque debía de deshacerse de ellas para dejar hueco a la nueva cosecha de este año. Extendió la montaña de tubérculos por un campo francés en lo alto de Gingy-Bussy a la espera de darle un uso, probablemente como abono, pero se le ocurrió algo mejor.
Las patatas, a pesar de no ser de esta temporada, seguían siendo buenas para su consumo alimenticio. El granjero no lo dudó, comenzó a llegar la voz en los pueblos vecinos de que alguien regalaba sacos enteros de patatas en buen estado totalmente gratis. Desde mediados del mes pasado, el campo cerca de la D396 se ha llenado de coches, furgonetas e incluso camionetas de personas ansiosas de recibir parte del botín de tubérculos.
“Son fácilmente 500 toneladas”, afirma Dylan, uno de los interesados en llenar su vehículo de patatas. El hombre, de treinta años, viajó desde Saint-Dizier, a tan solo 33 kilómetros de distancia, para poder reabastecerse. “Hace dos años, encontré 600 kilos, que guardé en mi sótano con paja. Se conserva bien, pero no tengo más. Así que, cuando supe que había algunos, vine a buscarlos”, explica él, según el medio L’union. Ahora, Dylan carga el maletero de su coche hasta arriba de patatas, casi rozando el eje de su vehículo con la rueda. “Mientras no toque, lo llenamos”, confiesa él sin preocupación.
Otros interesados en las patatas
Christophe, de 68 años, fue otro de los interesados en abastecerse de las patatas regaladas por el granjero en Gingy-Bussy. En este caso, Cristophe quiso llevarse a su familia al completo para que le ayudasen a coger varios sacos de comida. “Vimos un montón de coches alrededor de un montón de patatas y pensamos: ¿por qué no podemos aprovecharnos nosotros también?”. Sin pensarlo mucho más, vació el maletero de su coche y con ayuda de su mujer, su hija y sus nietos llenaron el vehículo hasta arriba. Christophe explica que las patatas en Francia no son baratas, “así que cuando puedes conseguirlas gratis, no deberías privarte”, confiesa.
Christine, una residente cerca del lago du Der, encuentra “fantástica” la idea de que los agricultores ofrezcan aquellos productos no vendidos o rentables y se los regalen. “Hace diez días también recogí patatas en Sapignicourt”, explica ella. Marion, otra interesada en la montaña de patatas de Gingy-Bussy, explica cómo hay personas que van a recoger sacos varias veces para vender luego el producto. “Quienes vinieron antes que nosotros dijeron que revendían lo que se llevaban a 15 euros los 20 kilos”, confiesa la mujer.
Una decisión que beneficia a todos
La generosidad del granjero parece haberse contagiado entre los que van a recoger lo que queda de la montaña de patatas. Marion, por ejemplo, acabaría ayudando a un vecino de Vitry a llenar sus cajas con los tubérculos, según el medio francés. El campo de Gingy-Bussy se ha llenado de buenas acciones y de conversaciones alegres, todas ellas inspiradas por la generosidad inicial del granjero.
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Pascale Chevallot, alcaldesa de Gingy-Bussy, explica que las patatas que no se consigan vender serán esparcidas por el campo, animando a las personas que aún puedan estar interesadas en coger algo de lo que queda. La patata protagoniza varios platos típicos franceses y poder disfrutar de algunos sacos gratis anima a la gente a acercarse al campo de cultivos.
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