Una mujer viaja a más de 100 países y se enamora de una conocida ciudad: “Crece junto a ti”
“Seguiré volviendo porque es el lugar que me recuerda que viajar, en el mejor de los casos, no se trata de escapar. Se trata de la relación: entre una persona y un lugar”, afirma Maya Flores.

"Mi primera Lisboa fue pura espectáculo: azulejos que parecían haber sido tejados en el cielo, el sonido metálico del tranvía 28, una puesta de sol en el mirador que hacía que los desconocidos hablaran como viejos amigos. Regresé unos años después y me enamoré de una ciudad completamente distinta", cuenta Maya Flores, la protagonista de esta historia que tiene claro cuál es su lugar en el mundo.
Porque puedes haber viajado a más de 100 países, y que tu manera de conocer las ciudades sea viviendo en ellas, eligiendo barrio, yendo a comprar al mercado, alquilando un piso, cogiendo el transporte público, yendo a parques, paseando por las calles sin rumbo dejándote sorprender. Y, pese a todo, pese a tener la maleta a cuestas, sentirte en casa no es algo habitual, y ella lo consigue en esta capital europea.

En Lisboa, “gasto por comodidad allí donde la comodidad creará memoria: una habitación con balcón en lugar de una segunda cena fuera, un viaje en tranvía cuesta arriba para que mis piernas tengan suavidad para caminar cuesta abajo. Hablo con personas cuyo trabajo mantiene la ciudad intacta (el zapatero, el panadero, el florista) porque son los custodios del lugar. Lo más importante es que planifico menos y leo más: placas, menús, caras", cuenta Maya.
Volver a Lisboa, para ella, es más que visitar algo repetido. Es sentir el cambio. Propio y ajeno. “Regresar con éxito es un arte. Requiere humildad (la ciudad no necesita tu actuación), curiosidad (ningún barrio ha terminado contigo) y la disposición a cambiar de nuevo”, a evolucionar con la ciudad. Porque ni ella es la misma ni la viajera llega con los mismos ojos y la misma maleta. Recuerdos nuevos, sensaciones nuevas, mirada diferente, futuro abierto.
¿Se debe volver a un lugar que te ha hecho tan feliz? ¿Por qué seguir visitando una ciudad que no es la tuya pero que se ha metido en tu ser? “Lisboa es el amor excepcional que se instala en los huesos y mantiene la puerta abierta. Regreso porque la ciudad se niega a ser una sola historia. Me permite sentir jet lag y ambición, melancolía y hambre, antiguo en mis rutinas y flamante junto al río. Es el único destino donde mi primera hora y mi última hora se sienten como primas en lugar de extrañas”, relata.
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“Seguiré explorando nuevos países porque la curiosidad es un músculo y los mapas son invitaciones. Pero seguiré volviendo a Lisboa porque es el lugar que me recuerda que viajar, en el mejor de los casos, no se trata de escapar. Se trata de la relación: entre una persona y un lugar, entre el apetito y el tiempo, entre quién eras cuando subiste esa colina por primera vez y quién eres ahora, deteniéndote en la cima, agradecido por el viento", afirma Maya Flores, escritora culinaria y chef.
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