Horas de reflexión en Limasol
La Selección rumió la derrota el jueves por la tarde, muy consciente de que defraudó y que no puso toda la carne en el asador. Pero convencida de que puede voltear la situación.


La tarde del jueves fue dura en el hotel Parklane de Limasol. Mientras el Spyros Kyprianu se llenaba para ver a Antetokounmpo y las expediciones de Grecia e Italia llegaban al pabellón, la Selección llegaba a su casa en Chipre después de perder insospechadamente contra Georgia en un debut desolador que dejó frío al vestuario, tanto como lo había estado en el banquillo durante el partido. Nadie ofreció su mejor versión y el equipo, especialmente los más veteranos, no estuvieron al nivel. También el cuerpo técnico. Scariolo se metió en el saco inculpándose de no ser capaz de haber zarandeado el espíritu de sus jugadores lo suficiente como para que advirtiesen los peligros de los georgianos y, especialmente, una superioridad física que no fue capaz de igualar en ningún momento en niveles de energía.
“Hay que hacer una reflexión interna”, se apresuró a decir Aldama en la zona mixta. Tenía que ser rápida. La Selección está obligada a preparar con la mente despejada el partido contra Bosnia, que ya es una final. La tarde del jueves fue suficiente para entender todo lo que se hizo mal empezando por la actitud del equipo, que no fue la mejor. España ya sabe que si no juega al 200% cada minuto, no podrá competir en el Eurobasket. “Hemos salido a verlas venir”, admitió Juancho. También falló la concentración (fallos en los tiros libres). Y el carácter.
Es el momento de los líderes. Desde el mensaje de los técnicos en el vestuario hasta la recepción de los jugadores, especialmente los más ‘veteranos’ en el equipo (los Hernángómez, Brizuela) y Aldama, designado casi oficialmente como nuevo líder del grupo. Desde las entrañas de la FEB están convencidos de que la situación puede voltearse con relativa comodidad, pero también son conscientes de que el equipo debe dar un paso adelante. La progresión del equipo en la preparación parecía la correcta. “Esta es la hoja de ruta”, había dicho Scariolo el día que la FEB le homenajeó después del amistoso contra Alemania. Contra Georgia, sin embargo, se dieron varios pasos atrás: se perdió la batalla contra el rebote, el balón no circuló rápido, no se metieron tiros abiertos, el porcentaje de los libres fue inaceptable. España pareció un equipo endeble que no puede aspirar a demasiado. “Necesitamos dar un golpe en la mesa”, dijo el joven De Larrea en la zona mixta. Como si todos se diesen cuenta de que habían perdido el primer partido casi antes de empezarlo. España ya ha pasado pantalla, pero está obligada a haber extraído grandes conclusiones. Si no se quita los complejos y va a por el torneo a pecho descubierto, el Eurobasket lo puede engullir. Todavía está a tiempo y se ve preparada para levantarse.
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