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El coleccionista de estrellas

Decir que LeBron ha ganado porque ha estado rodeado de los mejores es como decir que los mejores han ganado por obra y gracia de LeBron. Doncic, la joya de la corona de una carrera de destellos constantes.

El coleccionista de estrellas
Alberto Clemente
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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El 8 de julio de 2010, en una gestión de imagen pésima emitida por la ESPN y gestionada por el periodista Jim Gray y el entorno de LeBron James, un Rey todavía sin corona anunció en prime time que cambiaba el desafío de Cleveland por el calor de las playas de Florida. Fue ese día cuando el legendario baloncestista, todavía hoy en activo, fue pionero en la construcción de un proyecto elegido directamente por las estrellas que sirvió también como preludio de la era de los jugadores empoderados. Pero esa famosa The Decision (como se llamó al programa televisivo en el que se dio la noticia) tuvo también consecuencias brutales para el protagonista, que se convirtió en el deportista más odiado del planeta e inició una lucha personal brutal que no concluyó hasta el anillo de 2016, pero que había empezado mucho antes. La destrucción previa a la redención convirtió esa decisión en no menos que una traición. Y la figura de la estrella quedó muy tocada entonces, además de ser abucheada a diestro y siniestro allá donde iba. Especialmente en su retorno a Cleveland, donde los abucheos nunca fueron tan fuertes por el dolor que produjo el adiós del hijo pródigo.

Probablemente, el mayor mérito de la carrera de LeBron consiste en haber conseguido voltear la opinión pública, ese lugar en el que se ganan y se pierden las batallas que deciden las guerras. De ser odiado de forma unánime a querido por (casi) todo el mundo. Muchas son las batallas deportivas y personales que ha tenido que soportar para ser quien es hoy: la celebrada derrota en las Finales de 2011 fue su mayor hundimiento, compensado posteriormente por ese sexto partido en el Garden ante los Celtics cuando los verdes mandaban en las finales del Este (3-2) y el proyecto amenazaba con descomponerse. Allí emergió el Rey con 45 puntos, 15 rebotes y 5 asistencias, para poner rumbo a sus terceras Finales y su primer anillo. Hoy suma 10 (8 de ellas consecutivas) y 4. También 4 MVPs de la temporada y otros tanto de las Finales. Y la conformación a fuego lento de una de las mayores rivalidades de la historia, contra la dinastía de los Warriors. Esa que llegó a las 73 victorias y que iba 3-1 en las eliminatorias por el título hasta que apareció su majestad, que culminó en el Oracle una remontada para los anales cumpliendo la palabra del anillo prometido. En 2023, ya con los Lakers, se volvió a enfrentar a su némesis en el contexto del fin de una era y les condenó al ostracismo. LeBron ya estaba cuando emergieron los Warriors. Y LeBron sigue ahora que ya sólo quedan las migajas de sus rivales. Por los siglos de los siglos.

Eso sí, a pesar de la aceptación mayoritaria y su consolidación como (casi seguro) el mejor jugador de la historia (sí, también por encima de Michael Jordan), siempre hay una pequeña porción de aficionados que intentan desprestigiar al Rey. Y uno de los argumentos que enarbolan para hacer de menos sus méritos es que ha estado en grandes equipos con increíbles jugadores. Algo que tiene su origen en ese primer superequipo formado por tres agentes libres (el susodicho más Dwayne Wade y Chris Bosh) y que reformuló la idea de big three en la competición, haciéndola asequible a muchos equipos pero que apenas tuvo éxito más que con James, que intentó imitar la fórmula en Ohio con Kyrie Irving y Kevin Love... hasta que uno se fue y el otro empezó a perder nivel. El argumento es muy manido, casi cansino y excesivamente recurrente cuando se trata de desprestigiar a un hombre que lo ha sido todo, para la NBA y para el mundo, le pese a quien le pese. Y ha vuelto a aparecer ahora que los Lakers han fichado a Luka Doncic en uno de los traspasos más grandes e increíbles de la historia del deporte. Algo que constata que, efectivamente, LeBron ha jugador al lado de varias estrellas. Pero, ¿qué importa eso a la hora de juzgar su inabarcable legado?

El coleccionista de estrellas

Un tema tan recurrente no tiene un análisis tan simple, por mucho que alguna vez lo parezca. Por un lado, son muchos los grandes nombres que han jugado al lado de LeBron. Pero, ¿a quién de ese grupo consideramos estrella? ¿Cuenta la carrera entera o sólo el nivel que mostraba en un momento determinado? ¿Cuál es el requisito para ser considerado como tal? En el caso de Wade o de Bosh no hay dudas: eran jugadores que estaban en su prime en ese momento. Tampoco si hablamos de Kyrie Irving o Kevin Love, aunque éste último se diluyó mucho más en los Cavs que Bosh (que tuvo que adaptar muchos su juego) en Miami. Pero hay casos que no están tan claros: Žydrūnas Ilgauskas estuvo presente en los primeros años del Rey, fue su leal compañero y llegó a pisar hasta en dos ocasiones el All Star. Ben Wallace o Shaquille O’Neal jugaron a su lado, pero cuando se encontraban en la recta final de sus respectivas carreras. Antawn Jamison estaba a un gran nivel cuando coincidió con LeBron... pero, ¿era realmente una estrella? Igual que Carlos Boozer, con el que estuvo en sus primeros pasos en la NBA. O Ray Allen, que llegó a los Heat ya veterano, aunque fuera igualmente esencial.

Al final, todo depende del punto de vista y de cómo quieras analizar según qué cosas. Por poner un ejemplo: ninguno de las plantillas que los Cavaliers formaron en la segunda etapa de LeBron era mejor que la que tenían los Warriors, incluida la de 2016. De hecho, esa derrota motivó el fichaje de Kevin Durant, que se llevó palos similares a los que recibió James en 2010, pero también redondeó a uno de los mejores equipos de la historia. La llegada del Rey a los Lakers se completó con el anillo de 2020 al lado de otra estrella, Anthony Davis. Pero casi todas las plantillas tenían a dos estrellas y la asociación del interior con la regia (en su metáfora) figura llegó en un momento en el que la veteranía se apoderaba de un jugador que ha demostrado una resiliencia impropia de alguien de su edad. Pero que cumplía años al lado de un jugador que se lesionaba en demasía. Y mientras, alrededor, los grandes jugadores se asociaban entre ellos para intentar el asalto a un anillo que sólo gana uno cada temporada y que para LeBron es esquivo desde 2020... hasta ahora. Con Doncic se abren nuevos horizontes y posibilidades. Y sí, es otra estrella. Pero, ¿y qué?

El debate constante

Al final, decir que LeBron ha ganado porque ha estado rodeado de los mejores es como decir que los mejores han ganado por obra y gracia de LeBron. Doncic es la joya de la corona de una carrera de destellos constantes y de una figura que ha jugado con muchas estrellas porque muchas estrellas se han querido acercar a su figura. Son muchos los grandes jugadores que han pasado por la NBA que se han querido acercar al Rey, que ha sabido manejar la narrativa y aumentar su leyenda con una inteligencia superlativa, propia de una cabeza superdotada que sabe que la longevidad es su último argumento para acallar las pocas voces críticas que quedan y seguir ganando enteros para ser considerado el mejor de la historia. Algo para lo que no hay un medidor oficial y que depende única y casi exclusivamente de lo que opine la mayoría. Ahí reside el poder del pueblo y el del propio LeBron, que ha sido capaz de pasar de ser el malo al bueno de la película cuando eso es prácticamente imposible de conseguir dentro de un conglomerado de críticas que, si dictan sentencia, te dejan casi sin salida. Pero claro, el Rey lo es por algo.

Menospreciar también la parte histórica de otros grandes del pasado y decir que jugaban solos es una falsedad sublime. Y un ejercicio que banaliza lo que en su día fueron esos equipos, siempre históricos. Pocas han sido las plantillas que realmente fueran cuestionables y ganaran el título, por no decir ninguna. Ignorar que Michael Jordan jugó con una concatenación de leyendas en mayor o menor medida (Scottie Pippen, Dennis Rodman, Toni Kukoc, Ron Harper...) es como pasar por alto que estaba entrenado por Phil Jackson. Igual que decir que LeBron ha perdido seis de las 10 Finales que ha disputado es como decir que His Airness jamás tuvo que verse las caras con rivales que se asemejaran a los que se encontró James (los últimos Spurs de Tim Duncan o la dinastía de los Warriors) o que nunca necesitó un séptimo partido o remontó un 3-1. Cada argumento es ventajista y todas las opiniones válidas en un mundo en el que todo el mundo tiene una y ninguna tiene por qué ser verdad. O quizá todas lo sean. Revisitar la historia sirve para descubrir que todos los grandes jugadores estaban en grandes equipos y contaban con increíbles compañeros. Ya fueran Magic Johnson, Larry Bird o Bill Russell. Incluso Wilt Chamberlain o Jerry West, a pesar del talento que atesoraban, sufrieron lo indecible para ganar el anillo. Y Elgin Baylor nunca lo consiguió.

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Al final, todo depende del punto de vista. El vaso que está medio lleno puede estar medio vacío de la misma forma que puedes centrarte en lo poco malo que tiene la carrera de LeBron para denostarle o quedarte con tantas cosas buenas para acercarte más a la lógica de su esencia. Todo vale en un mundo lleno de cosas plausibles y otras ambivalentes, donde decir que el Rey ha compartido vestuario con muchas estrellas es verdad... Pero que se puede decir con una connotación buena o mala dependiendo de a quién le preguntes. La realidad, difícilmente discutible, es que la leyenda del jugador también se ha alimentado de la gente que ha tenido a su lado. Que ha sido más que nadie: de gente retirada, a padres de profesionales actuales o incluso su hijo Bronny. Es lo que tiene una estrella que no ve el final del camino en una senectud que es su enésima juventud. Una que le permite ser uno de los mejores baloncestistas del mundo mientras tiene más años que algunos de los entrenadores de la mejor Liga del mundo (Mark Daigneault, Joe Mazzulla o Will Hardy, de Thunder, Celtics y Jazz respectivamente). Ahora, LeBron James colecciona su enésima estrella con Luka Doncic, La joya de una corona que vuelve a brillar como el primer día. Como si el tiempo pasara para todo el mundo menos para su majestad. Un hombre imperecedero y un reinado es eterno.

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