Este
211
Oeste
186
Finalizado
NBA | ALL-STAR 2024 | PARTIDO

LeBron y Lillard destacan en un oprobio de All-Star en Indiana

El Este ganó al Oeste en el All-Star de 2024, un intento de la NBA por volver al pasado que terminó mal. LeBron James y Damian Lillard, protagonistas.

LeBron James y Damian Lillard -
Mike Maestre
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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La afición demandaba cambios en el formato del Partido de las Estrellas, la guinda del All-Star que la NBA celebra cada año. Desde hace un tiempo. Se varió por aquí y por allá, no se pecó de inmovilismo. De la rotura del formato clásico se pasó a uno con capitanes que elegían a los compañeros. De la anotación de un encuentro normal de baloncesto se pasó a unas cuentas por cuartos y una puntuación objetivo en base a ellas. Este 2024 se ha vuelto a los orígenes para agitar de nuevo la coctelera y el resultado, seas purista o moderno, no pasa del desastre.

En un lugar propicio (”en 49 estados es sólo baloncesto, pero esto es Indiana”) Adam Silver y demás ideólogos quisieron centrar el evento en la capacidad de los jugadores. Si quieren, pueden. Baloncesto y formato de toda la vida. Volvió el duelo entre las conferencias, Este contra Oeste, que había estado aparcado durante los últimos cinco años. Querían un aroma añejo para intentar buscar en lo más hondo de los participantes, en eso que les hizo dedicarse al deporte, y así convencerles de que esto es un show pensado para que se diviertan todos y no sólo ellos. Como cuando te reías con un amigo en el colegio en mitad de clase y el profesor espetaba: “Cuéntanos el chiste en alto, que nos riamos todos”.

La disposición de los actores de esta función fue mala tirando a peor. El género, teatro del absurdo. La NBA había mandado un mensaje velado a los jugadores con el cambio de formato. Había que espabilar. Los chicos respondieron dejando que uno de los dos combinados llegara a 211 puntos. Un oprobio. Se suben los calores sólo de mirar el tanteador. Un bochorno. De nuevo se ha ido por la vía muerta el All-Star y habrá que buscar algún incentivo fuera de lo meramente deportivo para que vuelva al carril del júbilo y la diversión que tenía antaño.

El resultado de la pachanga fue 211-186. Damian Lillard recogió el MVP tras meter 39 tantos, y entre abucheos porque otro de los que lo peleó fue el local Tyrese Haliburton, estrella de los Pacers.

Del evento se puede destacar ese récord de puntos. Que no celebrar. Lo mismo pensará Silver, que emitió un suspiro de renegado al darle la enhorabuena a Antetokounmpo y los chicos del Este por semejante anotación. La anterior marca era de 196 en el All-Star de 2016, en Toronto. Aquí no sólo se quedaron en el redondo de 200, que traspasó Haliburton con un triple para aplauso del Gainbridge Fieldhouse, lo elevaron 11 más. Los 397 que se anotaron en total son, claro, otro récord colectivo. En el plano individual el que más aportó fue Towns, de los Timberwolves, con 50.

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