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“No hay furia en el infierno que iguale a un Doncic motivado”

Aunque no quiere hablar públicamente de ello, Doncic está muy dolido por todo lo que se ha filtrado desde Dallas sobre su peso, su profesionalidad...

“No hay furia en el infierno que iguale a un Doncic motivado”
Juanma Rubio
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de iccwin247.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Ya ha pasado casi un mes desde que Luka Doncic, en un movimiento sísmico que convirtió todo el universo NBA en un manicomio, fue traspasado a los Lakers. Sin ningún rumor previo, sin que a priori se pudiera imaginar que Dallas Mavericks, solo meses después de llegar a las Finales de la NBA por tercera vez en su historia, iba a dinamitar totalmente su proyecto, a transformarlo y volcarlo puramente en el cortísimo plazo (tampoco así hay evidencia de que tenga más opciones de ganar sin Doncic: de hecho es más fácil creer justo lo contrario). Y a poner punto y final a esa línea de continuidad virtuosa que era percibida como algo verdaderamente especial por los aficionados de los Mavs: de la era Dirk Nowitzki a la era Luka Doncic. La primera duró 21 años, la segunda saltó por los aires de la forma más abrupta y sorprendente que se pudiera imaginar después de menos de siete. Los responsables, con el ejecutivo Nico Harrison a la cabeza, ni siquiera supieron explicar bien sus motivos y se enzarzaron en una guerra sucia mediática que, desde luego, no hizo que nadie en Dallas se sintiera especialmente bien.

Y la cosa continúa: Marc Stein vuelve a insistir en que Nico Harrison dirigió la línea de pensamiento que acabó con el esloveno fuera del equipo: “Lo que se dice en los círculos de la NBA es que los que toman las decisiones allí, sobre todo Harrison, no querían que el planeta Mavericks siguiera orbitando en torno a Doncic y se marcaron como objetivo traspasarlo antes del verano, como muy tarde”. En The Athletic, Sam Amick apunta también, otra vez, en la misma dirección: “Los que estuvieron cerca del entorno del equipo en los últimos días de Doncic allí no pintan un retrato muy halagüeño de él y de su profesionalidad. Dicen que es vago, hablan de unos problemas con la báscula que eran un motivo de frustración constante en esas instalaciones. Y mencionan los hábitos sociales de Doncic, como su gusto por la cerveza y las cachimbas, algo que ha preocupado a los equipos de la NBA desde que estaba en el Real Madrid con 19 años, a punto de ir al draft. Predicen su decadencia como jugador y ponen el foco en un historial físico que, creen, llevará a la catástrofe en los próximos cinco años, más o menos”.

Jason Kidd, LeBron James...

El papel de Jason Kidd, el entrenador de los Mavs, también ha sido muy criticado. Básicamente, por una actitud excesivamente corporativista que le llevó, en los primeros días después del traspaso, a hablar de Doncic sin ni siquiera nombrarle y a asegurar, por ejemplo, que sin el esloveno habría más tiros y más protagonismo para todos los demás. Antes del primer partido de los Mavs contra su exestrella, en Los Ángeles, el técnico sí tuvo palabras mucho más cariñosas en una comparecencia ante la prensa en la que dijo también se había enterado tarde, básicamente hechos consumados, del traspaso: “Va a ser uno de los mejores jugadores del mundo y los Lakers tienen suerte de contar con él. Es un jugador al que le encantaba ser entrenado, le encanta que le digan la verdad y siempre va responder a lo que se le diga de forma positiva porque adora jugar al baloncesto”.

Lo que pierden los Mavs lo han ganado los Lakers, claro. Y LeBron James es especialmente consciente de ello. Para explicarlo usó un paralelismo con el fútbol americano: “Yo tengo naturaleza de receptor y él tiene naturaleza de quarterback, así que el encaje es perfecto”. Con estas palabras, el 23 dejó claro que la bola (se está viendo más a medida que juegan más minutos juntos) estará en las manos de Doncic en el inicio de la mayoría de las jugadas. Después del Lakers-Mavs, el propio LeBron tiró de experiencia (40 años) para explicar cómo había sido un partido así para su nuevo compañero: “Lo ha llevado lo mejor que ha podido. Dio todo lo que tenía a un equipo… creció allí, pasó de ser un chico de 18 años a un hombre de 25 con familia. Es algo muy emocional, que pasa mucha factura. Por eso creo que lo ha llevado extraordinariamente bien”.

El partido llegó, como todo lo que le ha pasado a Doncic en las últimas semanas, rodeado de mucho ruido mediático. El periodista Marc J Spears, un veterano de la cobertura NBA, ha señalado a Boston Celtics y a la última Final de la NBA para buscar el momento en el que Nico Harrison empezó a dudar de la capacidad de Doncic para ser el gran líder de los Mavs y para estar en plenitud física a lo largo de unos playoffs completos: “Lo que le hizo Jaylen Brown a Luka en las Finales, parándolo por completo, defendiéndole por toda la pista y haciendo la situación insostenible para los Mavs hizo que en Dallas se plantearan si Luka podía ser el líder del equipo, si realmente estaba en forma física o no”.

Un artículo de Dave McMenamin en ESPN recorrió todo el camino que había llevado a Doncic desde el día del traspaso hasta ese primer partido contra los Mavs. Desde que uno de sus colaboradores lo despertó para darle la noticia de que se había hecho la operación, para su absoluta sorpresa, a los días del parón del All Star que Doncic pasó de vacaciones en Cabo San José (México). Él mismo dijo que necesitaba resetear y desconectar, después de unos días muy difíciles. Pero también estuvo trabajando dos horas al día con Scott Brooks, uno de los asistentes de JJ Redick en los Lakers, y haciendo trabajo de gimnasio por su cuenta. Según McMenamin, alguien del entorno del propio Doncic le dejó claro que, aunque no quiera hablar mucho de ello públicamente, todo lo que se estaba diciendo desde Dallas sobre su peso y su preparación física se estaba convirtiendo en un motor muy poderoso de motivación: “Todo esto ha despertado a una bestia dentro de él”.

Hasta Tim MacMahon, también de ESPN y un periodista que ha publicado informaciones cercanas al lado de los Mavericks desde que se produjo el traspaso y que tuvo algún roce con el propio Doncic en el pasado, reconoció antes del Lakers-Mavs que el esloveno estaba absolutamente concentrado en ese partido… y en responder, más allá, a quienes habían cuestionado su capacidad y su profesionalidad: “No hay rabia en el infierno que se pueda comparar a un Luka Doncic extra motivado”.

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De lo que por ahora no hay duda, en todo caso, es de que el efecto Doncic es muy real, y no solo en la pista. En cuanto al precio de las entradas, los partidos de los Lakers como local han subido un 19% desde la llegada del esloveno (de una media de 253 dólares a una de 303) mientras que los de los Mavs han caído un 40% (de 187 a 112). Las audiencias televisivas también están reflejando el enorme interés que genera este movimiento, uno de los más llamativos de la historia de la NBA: el sábado, el Nuggets-Lakers alcanzó los 2,87 millones de telespectadores en ABC, el partido más visto de regular season más allá de la jornada inicial, la de Navidad, la final de la NBA Cup y un Lakers-Warriors de enero. Después, el primer duelo de Doncic contra su exequipos (Lakers-Mavs) tuvo picos de 2,9 millones y una media de 2,5 en la red de TNT, el tope por cable de la temporada sin contar la citada jornada inaugural.

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