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Paco Esteban se lleva el duelo de hermanos más épico

El Betis se impone por 3-2 al Atlético, acaba con nueve y con un remate de Rajado al larguero en el 100. Partidazo entre dos grandes canteras.

Paco Esteban, en el partido contra el Atlético.
@RBetisCantera
Sergio Picos
Nacido en Madrid, desde niño ha vivido en torno a un balón de fútbol. Pisó por primera vez AS en en verano de 2014 y nunca se fue. Ha ido conociendo las diferentes secciones del periódico. Graduado en periodismo, cubre la actualidad del Atlético de Madrid y todo aquello vinculado al club rojiblanco: partido, viajes, entrenamientos, actos...
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El Betis reinó en la locura de tarde vivida en la Ciudad Deportiva Luis del Sol. Y el duelo de hermanos se lo llevó un Paco que se reencontró con gol ante el Atlético. Un encuentro vibrante, con un chaparrón del Betis antes del descanso para marcharse 2-0 a vestuarios (y casi tres) y una reacción rojiblanca de época para empatarlo tras salir en tromba de la caseta. Decidió un cabezazo de Rodrigo Marina para un conjunto bético que acabó con nueve y sueña con la Copa tras golear al Real Madrid en octavos (6-1) y apear al Atlético en cuartos (3-2). Si faltaba pimienta, los colchoneros se estrellaron tres veces con la madera, la última en el 100 para esquivar una prórroga que hubiese sido muy desnivelada con la superioridad numérica.

Fue Rajado quien se jugó ese remate in extremis, el puñal del Atlético. Partiendo desde la izquierda, sus diagonales eran una pesadilla para la zaga bética. Después de un inicio de balón para el equipo local, el extremo dejó su primera muestra. Cuando había hecho lo más difícil, cruzarse a Miguel Cuevas para plantarse mano a mano, se tomó una décima de segundo para definir que aprovechó el zaguero para limpiarle el balón. Tendría la opción de redimirse con una falta directa que, tras superar a una barrera que se abría a su paso, se estrellaba con la madera. El Atlético había llegado y llamaba a la puerta. Como volvería a hacer Jesús Barrios con su disparo lejano al larguero.

El partido vibraba en busca de la contundencia. Y la figura de Pablo García se agigantaba como contrapeso a Rajado, en su caso desde la derecha. Una pesadilla para Dani Muñoz, un diablo imparable en banda al que solo le faltaba el gol. Lo tuvo con un mano a mano rematado por encima de la meta, con una falta en la frontal que se marchaba arriba y con un cabezazo tras el gran centro de Adrián. Pero eran los minutos del Betis y no los iba a desaprovechar. Cuando más duele, al borde del descanso. Y como más duele, con la ley del ex.

Paco Esteban, que salió del Atlético en verano con el título de Liga y Copa de Campeones bajo el brazo, se imponía por fuerza, ganas y colmillo a la zaga y se llevaba varios balones divididos hasta plantarse ante Álvaro y definir a la base del palo. El hermano mayor enviaba un mensaje al pequeño. Era el minuto 38, pero lo peor estaba por venir para los de Luis Bueno. En el 44, Adrián Martín aprovechaba la asistencia del mago Pablo García y el gesto de Rica dejando pasar el balón entre las piernas. El 2-0 y la superioridad absoluta.

Al Atlético le pasaba por encima un huracán. Y pudo llegar la muerte, con otro gesto técnico fantástico de Pablo García para volver a superar a Dani Muñoz y el balón de Rodrigo Marina a la madera. Diez minutos finales fatales de la primera parte que parecían noquear a los rojiblancos y desnivelar por completo la balanza. El Betis era un rodillo. Pero Luis Bueno, como si de Buggs Bunny se tratase, sacó la poción mágica en el descanso. Un Atlético nuevo salió de vestuarios, con Izan y Torrellas en el lugar de Bazaga y Almeida.

Primero Sergio Esteban y después Dani Muñoz obligaban a actuar a Manu González, especialmente meritorita la parada al lateral izquierdo reconvertido a extremo derecho. Una posición alejado de Pablo García para volver a ser feliz. Y, a la segunda que tuvo, metió a su equipo en el partido. Con la derecha, engañando al meta que pensaba que centraría. 2-1, los cuartos al rojo vivo. Y poco tardaría Arza en igualarlo. El lateral derecho, convertido en delantero de área para empatar tras el pase atrás de Rajado. Un partidazo, un inicio de segunda parte opuesto al final de la primera.

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Una oda al fútbol. De ataque, de ida y vuelta, de talento. Diversión. Fútbol menos encorsetado y más puro. Y que desniveló Rodrigo Marina con un buen cabezazo que no pudo sacar Álvaro. Si se tratase de un partido de tenis, la bola a la cinta caería del lado verdiblanco. Que se desesperó en los últimos minutos, vio como su guardameta Manu González recibía la segunda amarilla por perder tiempo y acto seguido Miguel Cuevas se marchaba a la calle por una falta en banda. No aprovecharía el Atlético la superioridad numérica en el añadido ni los centros laterales, todos ellos fuera directamente. Aunque tendría la última con el disparo de Rajado, una vez más contra el travesaño. Y el rebote de Castillo a las manos de José Romero, nuevo propietario en portería. La cinta volvió a dictar sentencia, el partidazo era verdiblanco.

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