‘Slugger’ White: la celebridad del PGA Tour que el LIV sacó de la jubilación
El árbitro, que hizo una carrera de 40 años en el circuito americano, ahora trabaja para la superliga saudí a petición de su amigo Greg Norman.


Podría ser perfectamente el personaje de un western de Sergio Leone o Sam Peckinpah. Lo tiene todo. El sombrero vaquero, el mostacho de sheriff de un condado remoto... Incluso la pose sobre el buggy, que echándole imaginación se puede cambiar mentalmente por un apaloosa, desde el que vigila la calle del 10 de Valderrama durante el torneo del LIV celebrado el pasado fin de semana en el campo andaluz. Su nombre, Carlton ‘Slugger’ White II, refuerza la comparativa. Y al fin y al cabo, su trabajo también consiste en administrar justicia, en un deporte que por su configuración, el hecho de que la mayoría del tiempo los golfistas sean sus propios vigilantes, lejos del escrutinio del espectador, tiene que aproximarse mucho más que otros a la perfección en el cumplimiento de las normas para mantener su credibilidad como espectáculo deportivo.
A ello ha dedicado la mayor parte de su vida el bueno de ‘Slugger’. Concretamente 40 de los 75 años que lleva en este mundo los pasó en el PGA Tour, donde se convirtió en una celebridad. Por su apariencia y por la severidad con la que aplicó el reglamento, que le granjeó la hostilidad de algunos golfistas. No la de Greg Norman. Quizá por la afinidad en lo que a sombrerería se refiere, hicieron buenas migas. Lo suficiente como para que el australiano, una vez convertido en CEO del LIV, le pidiera que volviera de su retiro para hacer en la superliga saudí lo mismo que hacía en su principal competidor, cuenta a AS desde su posición durante la última jornada en Valderrama.

“¿Qué dijo mi mujer? Encantada. Pensaba que me iba a pasar el resto de mis días sentado en una silla”, lanza seguido de una carcajada White, que hasta entonces se dedicaba a “jugar algo de golf de vez en cuando y poco más” en Florida. Allí, al destino predilecto de los jubilados estadounidenses, se dirigió en un momento dado desde Virginia Occidental, el lugar que le vio nacer y donde descubrió, en el Black Knight Country Club, este deporte. Después llegaría a jugar 73 torneos del PGA entre 1975 y 1981. En tiempos muy diferentes a los actuales, no era suficientemente bueno como para ganarse bien la vida, así que lo dejó y eventualmente el PGA Tour, entonces con Deane Beman como comisionado, acudió a él. En 1999 fue ascendido a director de torneos y en 2007 a presidente del área de reglas y competición. Cuando se retiró, un grupo de jugadores encabezados por Ryan Palmer le obsequió con unas botas de vaquero. Nicklaus, ni más ni menos, optó por un juego de cristalería fina para vino.
Dice que su trabajo en el LIV no difiere mucho del que hacía en el PGA. Menos jugadores a los que controlar y asistir, menos días de trabajo, posibilidades de ver aún más mundo y poco más. Uno de sus momentos más peliagudos en su nuevo empleo, eso sí, lo tuvo que afrontar en la primera jornada del torneo, cuando se levantó un fuerte viento en Sotogrande que puso algunos greenes al límite. “Fue una decisión complicada, pero corríamos el riesgo de que se desmadrara la situación”, justifica el regado del green del 11 antes de la suspensión, algo (humedecer solo una de las superficies, con la consiguiente injusticia que supone para los que ya han pasado por ella respecto a los que aún no lo han hecho) con pocos precedentes. Las otras dos jornadas se resolvieron con normalidad, con golfistas y público yendo de un lado a otro de la propiedad mientras ‘Slugger’, brazo derecho reposando sobre el respaldo del asiento, la pierna derecha apoyada en el salpicadero, aguardaba a que cualquier incidencia llegara a través de su walkie-talkie.
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