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Un Boeing 747 recorriendo los canales de Amsterdam: la curiosa historia del último viaje de este avión jubilado
La aerolínea neerlandesa KLM fue protagonista de esta curiosa imagen insólita en Amsterdam.

Hemos visto multitud de cosas sorprendentes en Amsterdam y no precisamente son producto de los famosos coffee shops. El puente hecho por impresoras 3D es una anécdota de los locales frente a la sorprendente imagen que pudimos ver en 2004 por sus canales. ¿El protagonista? Un Boeing 747.
Los motivos por los que este avión fue tan especial
La ‘joya de la corona’ de la aerolínea KLM Royal Dutch fue una vez este impresionante Boeing 747 conocido como PH-BUK. Entró en servicio en septiembre de 1978 tras la primera flota que la empresa norteamericana ofreció a la empresa. Un modelo jumbo, gigantesco, que tenía algunas peculiaridades para tratarse de un avión comercial y que el recogió para la historia del medio.

Su configuración y dimensiones le permitían hacer un trabajo doble. Por la parte de delante tenía el espacio habitual para pasajeros visto en cualquier aerolínea. Sin embargo, en la parte trasera tenía un enorme espacio de almacenaje para grandes cargamentos, vehículos y demás.
Durante los 25 años que surcó los cielos de todo el mundo logró amasar más de 100.000 horas de vuelo y cerca de 98 millones de kilómetros recorridos. Todo ello sin un solo fallo. El orgullo nacional lo fue también cuando decidió ‘colgar’ las alas el 17 de noviembre del 2003.
El último viaje del Boeing 747 PH-BUK para deleite de los neerlandeses
Durante unos meses estuvo encerrado en un almacén del aeropuerto de Schipol, Amsterdam, pero dado su tamaño la compañía decidió darle una segunda vida. El museo aeronáutico de Lelystad pagó un euro de forma simbólica para hacerse con él, lo que comenzó un complejo proceso de traslado desde su hogar hasta su nuevo entorno que finalizaría el 17 de diciembre de 2004.
La hora de trayecto en coche habitual entre ambos puntos fue imposible de realizar por las evidentes dimensiones del cacharro. Decidieron surcar el mar cruzando por los canales de Ámsterdam no solo como solución, sino para que los habitantes pudieran contemplar una fotografía histórica.
Para ello, tuvieron que desmontar las alas, los motores, el estabilizador de cola y todo el equipo de aterrizaje en la parte inferior del avión. La ‘broma’ no fue barata, precisamente: se invirtieron 600.000 euros para que este Boeing 747 descansara en el museo. 21 años después los canales de Ámsterdam no han visto otra estampa igual.
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