Del Burnley a todo poder
Qué tendrá que ver el Espanyol con el equipo de una ciudad gris de 75.000 habitantes al norte de Inglaterra...


¿Se puede ser de dos equipos a la vez? Son tiempos de poliamor, de libertad de opciones (con respeto siempre), de amplitud de miras y sentimientos complejos. Menos en el fútbol. Entre las hinchadas seguimos encontrando los mismos rancios que se creen en posesión de la verdad y reparten carnés de héroes irredentos y simpatizantes. Por eso, contra los talibanes, en el fútbol y en la vida, un sí rotundo: por supuesto que se puede ser de dos equipos. Y de tres o cuatro. Y de cinco. ¿Y de siete? También.
Que nadie nos impida amar como queramos a quien queramos ni nos dé lecciones de afectos. Respect. Y cabeza. Pero también corazón. Es difícil, en este y en todos los casos, querer por igual. Y aunque querer diferente no es querer menos, ni querer peor, reconozco que hay un caso en el que me pasa un poco como a los guardianes de las supuestas esencias: los que creemos menos en los amores cerebrales y de conveniencia, y más en el amor romántico, torcemos el morro con los casos de multipropiedad en el fútbol.
Qué tendrá que ver el Espanyol con el equipo de una ciudad gris de 75.000 habitantes al norte de Inglaterra que se ha pasado media vida en segunda (y en tercera y cuarta), pero al jugar en la Premier puede pagar más de 30 millones de euros en sueldos (el triple que los pericos). Y ya no hablamos del reciente bochorno mundialista con León y Pachuca, o de las ventajas de clubes en grupos fortísimos como el Girona con el City. Lejanos al espíritu deportivo, este tipo de uniones me resultan de un capitalismo demasiado obsceno incluso para alguien como yo que sigue soñando con quedarse encerrado de noche en un Corte Inglés.
Mientras me corroen esas dudas, perico como soy, resulta que, a mi edad, ahora me toca hacerme del Burnley. Y me veo buceando en su historia para sacar algún parecido que justifique mi nueva pasión: vistió de blanquiazul en tiempos de Maricastaña; es pionero como el Espanyol, uno de los clubes que jugó la primera liga inglesa en 1888; también son claretes como el vino de Olite... Cualquier ilusión es buena para enamorarse. Igual hasta le perdono al nuevo dueño, Alan Pace, que reconozca que su locura por el soccer naciera por un gol de Stoichkov con el Barça de Cruyff en el minuto 87 de un Clásico en el Camp Nou. ¿Veis como se puede ser de dos equipos?
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de . ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic
Rellene su nombre y apellidos para comentar