Flick casi se autoboicotea en Valencia
Lamine fue y fue hasta que Elgezabal se metió un gol en propia puerta que le salvó una noche difícil al Barça, esta vez boicoteado por su entrenador.


Remontada. Famoso ya por sus remontadas la temporada pasada, la última de ellas la del Clásico que le dio la Liga, el Barça firmó la primera de este curso en el campo de un Levante épico, que vendió cara su derrota y que, como avisó Julián Calero antes del partido, no le puso la alfombra roja al campeón. “Ya hemos pasado lo peor”, intentó convencer a sus jugadores después del último cooling break. A la vuelta de la esquina, sin embargo, le esperaba un desenlace cruel. Lamine fue y fue hasta que Elgezabal se metió un gol en propia puerta que le salvó una noche difícil al Barça, esta vez boicoteado por su entrenador. Inquieto por el asunto de las inscripciones, los rumores de venta de Casadó y la marejada entre Fermín y Gavi que empieza a ser vox populi en la ciudad, confeccionó una alineación extraña. Además, ignoró a todos los enganches puros del equipo y, para darle cabida a Rashford, colocó a Raphinha de ‘10’, lo que se reveló como un error flagrante porque desplazó al brasileño de la zona por la que mejor se mueve y enjauló a Lamine. En la primera parte, el equipo se volcó más hacia el inglés que hacia el 10. Una mala elección.
Con un 3-2-4-1. Tal vez, quién sabe, Flick quería pegarle un zarandeo al equipo después de la decepción que se llevó en Mallorca. Tal vez lo llevó demasiado lejos. El caso es que reordenó las piezas al descanso y quedó claro que Gavi pesa más que Casadó en el centro del campo; que Olmo conoce mejor el oficio de mediapunta que Raphinha; y que el equipo se ordena mejor bajo esos parámetros clásicos. Todo eso…, y Pedri. El gol del canario despertó en el equipo las emociones de la temporada pasada, cuando se creía capaz de todo. Ferran empató al momento y hasta le gastó una broma a Flick cuando el partido todavía estaba 2-2. El alemán sonrió y dio su último toque. Recuperó la fórmula de la famosa remontada del 4-5 ante el Benfica y terminó jugando con tres centrales, dos pivotes, dos extremos para abrir el campo al máximo (Raphinha y Lamine), dos mediapuntas con gol (Olmo y Ferran) y Lewandowski en su regreso. El 2-3, ya sobre la hora, evitó un ruido innecesario estos días en Can Barça, donde ya hay suficiente con el de las obras en el Camp Nou. Entre el galimatías del regreso al Spotify, el 1:1 del fair play, y la marejadilla del vestuario, un pinchazo nada más empezar hubiera sido diabólico. En el campo, sin embargo, el Barça continúa siendo un rodillo cuando quiere. Incluso en días en los que su entrenador se humaniza y se intenta boicotear a sí mismo. Al final, lo arregló.
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