Gonzalo y la puerta verde
“Este chico tiene algo que contagia e ilusiona. Chispa. Hambre. Todo eso que no se compra...”


En la vida siempre conviene tener a mano esa máxima del diseñador Miguel Milà: “Sé útil y te utilizarán.” Suena crudo, incluso feo, pero pocas frases explican tan bien cómo funciona casi todo: un trabajo, una relación, un club de fútbol. Y también explica, sin necesidad de aditivos épicos, la irrupción de Gonzalo García en este Real Madrid que siempre parece tenerlo todo, hasta que de pronto le falta algo —un delantero, un gol, un plan B— y ahí aparece uno de esos chicos de Valdebebas con dorsal alto y cero unidades de miedo.
Gonzalo ha aprovechado un virus de Mbappé y la confianza de Xabi Alonso para hacerse un hueco y colarse entre los favoritos del madridismo en apenas tres partidos de este Mundial. Siempre se repite la frase camachadiana: un canterano tiene que derribar la puerta abajo. Pero antes hay que saber que, al menos, esa puerta existe. Y, como en el final de El show de Truman, una vez la ves, no puedes no cruzarla. No todo es cuestión de fe ciega: las cosas no aparecen de manera mágica delante de uno solo por creer muy fuerte en ellas, como el puente colgante de Indiana Jones.
Se le ha comparado con Joselu e incluso con Raúl. Su descaro tiene algo reconocible para los que llevamos tiempo aquí: Gonzalo recuerda por momentos al primer Higuaín, el que llegó de River Plate sin grandes ditirambos, pero con la mochila cargada de hambre y pulmones. Inasequible al desaliento, trabajador, versátil, vertical, cayendo desde la banda, con garra y personalidad. Un delantero de los que no se paran a pensar si está bien o mal fallar: corren, se mueven, rematan y, si se equivocan, vuelven a empezar.
El problema con Gonzalo puede estar en su propio éxito durante este Mundial. En que venga un club con dinero, prisas y urgencias y ponga sobre la mesa una oferta irrechazable por un canterano para un Madrid que, sobre el papel, tiene overbooking de atacantes ahora mismo. Sería, desde luego, un error estratégico dejarlo marchar. Porque este chico tiene algo que contagia e ilusiona. Chispa. Hambre. Todo eso que no se compra, pero se vende demasiado rápido.
Los Nikis cantaban La puerta verde, esa misteriosa puerta que todos miraban con ganas de colarse dentro sin saber muy bien qué había detrás. Gonzalo ya se ha colado. Ahora queda por ver cuánto dura abierto el hueco, porque en este club siempre hay corriente y la puerta se puede volver a cerrar muy rápido. Toca poner el pie fuerte.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de . ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic
Rellene su nombre y apellidos para comentar