La bomba de Al Khelaïfi
Resulta paradójico que cuando por fin Francia presume de campeón de Europa, de rey de la Champions, su liga nacional se va por el sumidero sin remedio.


Diferencias. Resulta paradójico que cuando por fin Francia presume de campeón de Europa, de rey de la Champions, su liga nacional se va por el sumidero sin remedio, de forma irreversible, acuciada por una crisis económica y televisiva de la que no se levanta. O igual no es tan sorprendente, la verdad, pues otorgar por encima de lo razonable poder, posibilidades y medios al PSG invitó a esta brecha tan abismal entre los de Al Khelaïfi y el resto, entre lo divino y lo terrenal. La falta de interés por el campeonato es una consecuencia evidente de todo esto. Quién quiere pagar por una liga cuyo desenlace ya sabe. Qué operadora está dispuesta a apostar por una historia ya escrita. Cómo vender un producto en el que la mayor incertidumbre es si la distancia entre el primero y el segundo será de más de 20 puntos o de menos. Ni en París tiene relevancia esto.
Históricos. Entristece la deriva de un torneo en el que el tiburón se ha comido a todos los peces de su alrededor. Recordamos con emoción las ligas de aquel Lyon eterno de Juninho Pernambucano, Sonny Anderson y un incipiente Benzema; de ese Lille campeón en el que asomaba un talentoso Hazard; del Montpellier del estupendo goleador Giroud; del Nantes, del Burdeos, equipos históricos, de la inaudita pelea Lens-Metz por lo más alto de la tabla y hasta del Auxerre del incombustible Guy Roux consagrándose como mejor club de Francia. Desde la llegada de Qatar a París, sólo tres títulos se le han ido al PSG de 14, casi más por pereza de los capitalinos que por otra cosa. Once de las últimas trece ligas han sido suyas.
TV. La falta de emoción se ha llevado por delante los dos últimos contratos televisivos con ‘Mediapro’ y con ‘DAZN’. Sin TV, no hay dinero. Sin dinero, no hay clubes. Sin clubes, no hay liga. Así de sencillo y así de duro. Se han visto afectados todos menos el PSG, por supuesto, que subsiste con lo que genera fuera, véase Champions o Mundial de Clubes, sin necesidad de lo de dentro. La solución de la LFP ha sido crear una plataforma de streaming que apenas reparte beneficios. Para todos es un drama; para el PSG es insignificante. He ahí la cruda realidad de una liga histórica devorada por su propio monstruo.
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