Luis Enrique, el rey de la colina en NY
Inversiones potentes muy cortoplacistas, fichajes exprés, sensación de improvisación. Y falta de calidad. El Mundial de Clubes ha dejado muy pocos partidos para el recuerdo.


Grietas. Se termina hoy el Mundial de Clubes en la Gran Manzana y da la sensación de que el “Big Bang” anunciado por Gianni Infantino antes del torneo ha flaqueado. De momento, al menos, se ha quedado a medio camino. La idea es prometedora (tal vez algún día se asiente) y la economía lo aguanta todo. 1.000 millones de dólares repartidos en premios, 125 de ellos para el ganador, es un botín tentador. Y está ese punto solidario de la FIFA, que manda 250 millones por el fútbol del mundo. El nivel, sin embargo, ha sido dudoso. Los horarios y el calor lo han marcado en lo que debería ser un serio aviso para el Mundial de selecciones del curso que viene. Deportivamente, además, ha habido cosas extrañas. Es difícil creerse un torneo en el que el entrenador del subcampeón de la Champions dirige al Al Hilal mientras el Inter tiene que poner a Chivu de urgencia. O al que al Madrid acude con el entrenador del futuro convertido en interino porque Ancelotti tenía una fecha límite para incorporarse con Brasil. Inversiones potentes muy cortoplacistas, fichajes exprés, sensación de improvisación. Y falta de calidad. El torneo ha dejado muy pocos partidos para el recuerdo. Algún jugador, especialmente los brasileño (Estevao, João Pedro) se han confirmado al gran público. Pero no mucho más.
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PSG. Futbolísticamente, el torneo lo ha aguantado el Paris Saint-Germain, que empezó el Mundial metiéndole cuatro al Atlético bajo el sol abrasador de Los Ángeles, pasó su ecuador barriendo al Inter Miami con cuatro goles antes del descanso en Atlanta y alcanzó la final después de fundir al Madrid con su tercer 4-0 del torneo. Luis Enrique ha construido un equipo que, pese al borrón del partido contra el Botafogo, estaba un par de planetas por delante del resto. Le queda el último desafío. Es curioso el fútbol. El Chelsea, ganador de la Conference que no iba a tener la oportunidad como el Tottenham, el campeón de la Europa League, de medir sus fuerzas con el campeón de la Champions, ha llegado como tapado de la mano de Maresca, ídolo para siempre del sevillismo desde aquella final de Eindhoven, discípulo de Guardiola en el City. El Chelsea sí puede darle respuesta física al PSG, que ha llegado a la final dando cuatro pisotones en las primeras partes y luego ha vivido de un excelente posicionamiento táctico. Nadie sabe qué pasará la temporada que viene con un equipo que casi no va a tener vacaciones (juega la Supercopa de Europa el 13 de agosto en Udine) pero Luis Enrique está a un partido de ser, como Sinatra, king of the hill en Nueva York: liga, Copa, Champions y Mundial.
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