Opinión

Orgullo y prejuicio

Lo que más me gusta: el orgullo de esos fans de Boca, Flu o Palmeiras que viven en EE UU.

La afición, protagonista en el Mundial de Clubes.
FEDERICO PARRA | AFP
Patricia Campos Domenech
Actualizado a

El Mundial de Clubes, el ascenso a Primera, a Segunda, la Sub-21, las Sub-19, el Congreso de Entrenadores… Vaya junio más futbolero y lo que nos queda con la Eurocopa femenina, los movimientos de jugadores y los amistosos de pretemporada. Lo siento por aquellos que no les gusta el fútbol porque aún les queda bastante que aguantar. Parecía que nos asfixiaríamos de calor y de fútbol, pero no. Hemos aprendido, entre otras cosas que somos tan resilientes como los propios futbolistas, que nunca es suficiente, que siempre nos apetece más. Que los 32 grados de temperatura y una humedad del 70% no son suficiente amenaza para casi llenar el Rose Bowl, con capacidad para 92.000 espectadores, y disfrutar de un PSG-Atleti. Aunque las condiciones fueran peligrosas, no hubiera suficiente agua para todos los aficionados e incluso los bomberos de Pasadena tuvieran dificultades para acceder a las gradas.

Que ni la caza despiadada de Trump contra todo lo que no sea blanco reluciente pudo con la pasión de los latinos por ver a sus ídolos de cerca; que nos gusta mucho opinar sin saber realmente cómo son de competitivos los equipos sudamericanos; que se lo pregunten al PSG, al Benfica o al Atleti; que no todos los jugadores que se marchan a Arabia están acabados; que las excusas son siempre las mismas, independientemente de si es Xabi con b o con v; que a *muchos jugadores les asusta retirarse y ya no es bonito verlos en un campo de fútbol (y no lo digo por Leo); que si no te refuerzas te vas a la calle; que el supuesto compromiso ambiental de la FIFA, cuando no ha tenido reparo en inventar un torneo que aumenta sin motivo la huella de carbono, se queda en nada; y que además, el Mundial 2026 será mucho peor, ya que contará con un número récord de selecciones y también con una cantidad sin precedentes de millas aéreas recorridas entre USA, Canadá y México. Y sin olvidar la elección de los patrocinadores: empresas de combustibles fósiles y aerolíneas que plantean dudas sobre la alineación de los intereses comerciales con los objetivos de sostenibilidad declarados. Y que la Eurocopa femenina se solapa con el Mundial de Clubes y con los amistosos de pretemporada y no pasa nada porque entretiene un poco pero no importa mucho. Por cierto, ganas de ver donde coloca Flick a Raphinha con la llegada de Nico Williams.

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Y lo que más me gusta: el orgullo que sienten los aficionados de los equipos como Boca, el Flu o Palmeiras, que se ganan la vida en USA, y aprovechan este campeonato para reunirse con familiares y amigos que viven en sus países de origen y tienen la oportunidad de sentirse como en casa. Como a FIFA le encanta todo lo que rodea el show americano, como la salida uno a uno de los jugadores al estilo NBA (aunque el speaker pronuncie mal sus nombres), los descansos cada vez más extensos para dar tiempo a los espectadores a consumir, la música después de cada gol, los partidos a las 15:00 para que se puedan ver en Europa o la presencia de agentes del ICE (la agencia de Inmigración) en los partidos, todo indica que el Mundial 2026 seguirá siendo muy FIFA. Y postdata: a ver si se deja ver Dembélé y aprovecha la ausencia de Lamine para acercarse un poquito más al Balón de Oro.

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