Parece que todo sigue igual
Cuanto más se empeña el madridismo sociológico en hundir a la joven perla blaugrana, más destaca.


“El fútbol es incompatible con el alcohol” dijo Ricardo Zamora con un cigarro en la mano a su vestuario en una película de posguerra. Su estrella había tenido una mala noche con el coñac, esa bebida que antes se anunciaba como cosa de hombres y que ahora prácticamente se utiliza solo para cocinar. Los tiempos sin duda han cambiado a mejor. El alcohol también es incompatible con hacer la primera crónica de la temporada sin ni siquiera haber llegado a septiembre, y más si te invitan a la Fiesta del Agua en Vilagarcía, que no sé cómo le llaman ‘del agua’ si allí no es el líquido que más corre, pero allá ellos. Yo esperé a base de botellas Mondariz hasta que empezó el partido en Mallorca para comprobar que la vida sigue igual.
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De inicio, centro de Lamine Yamal y remate de cabeza de Raphinha para empezar la Liga igual que la dejaron el año pasado. Jugadas que recitamos de memoria. Cuanto más se empeña el madridismo sociológico en hundir a la joven perla blaugrana, más destaca. Pero la vida sigue igual por más razones. El segundo gol del Barça (legal, el árbitro no había mandado parar el juego) y dos expulsiones del Mallorca de libro, encendieron las protestas. Llamen por su nombre de pila o por su segundo apellido al árbitro, el madridismo se siente cómodo quejándose del empedrado antes siquiera de empezar a jugar la competición. Lo dicho, parece que todo sigue igual.
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