Topuria, la pequeña bomba
‘El Matador’ ya tiene sus dos cinturones, y lo consigue de forma imbatida. Se ha convertido en espejo de deportistas por su fuerza mental.


Dana White, el capo de la UFC, huele el negocio. Y detectó pronto que Ilia Topuria sería uno de sus mejores activos. Un producto que con sus actuaciones ha ido subiendo como la espuma su cotización hasta convertirse en el luchador más carismático de la compañía. El hombre que en una carrera todavía corta, de 17 combates, es doble campeón en el pluma y el ligero, y que por su cabeza ya ronda intentarlo alguna vez en un tercer peso, lo nunca visto. Pero lo que sueña, lo materializa. Por el Strip de Las Vegas, en el elegante Bellaglio, el clásico MGM, el impresionante Wynn o el imperial Luxor, los apostantes que confiaron en el hispanogeorgiano pueden recoger sus dólares y alzar sus copas para brindar por un personaje, un estrellón, digno de la ciudad que nunca duerme. Entre los neones en el desierto de Nevada, deslumbra el brillo de Topuria.
Un deportista que ha conseguido, por su poder mental que le da un aura de indestructible, convertirse en inspirador de otros muchos que ya le citan entre sus favoritos. Un tipo listo, con la escuela que da la calle y haberse buscado la vida, que ahora disfruta de una fama en la que se siente cómodo. Charles Oliveira cayó destruido por la pequeña bomba, como cayeron Alexander Volkanovski o Max Holloway, tres guerreros que son bandera de la UFC. Topuria, que acabará convirtiendo los abucheos de los pesajes en vítores, ya está abandonando el papel de ‘Villano’ en el circo de las MMA y entrando en otra dimensión. Es la estrella, con permiso de Islam Makhachev, que más brilla. Y están destinados a cruzarse en la gran explosión tarde o temprano.
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