El Dioni desvela con qué famoso se encontró en la cárcel: “Arrieros somos...”
Treinta y cinco años después de que huyese con dinero, recuerda que le dijo a su novia: “Si a la diez de la noche no vengo, es que he robado el furgón”.


“Ay Dionisio, / Fue total lo del banco sin un mal tiro / Mucho ‘visio’ / Trincar el pastón y pegarse el piro / La de noches que he dedicado yo a planear / Un golpe como el que diste tú con un par”. Precisamente esas tres últimas palabras daban título a esta canción de Joaquín Sabina que hablaba de la ‘hazaña’ de Dionisio Rodríguez, más conocido como el Dioni, quien con 40 años pasó de vivir cerca del dinero de otros a metérselo en el bolsillo tras escapar con el furgón que custodiaba como vigilante de seguridad.
Un plan sin fisuras del que ya se han cumplido 35 años. A él le tocaba bajar a por la recaudación, pero les dijo a sus compañeros que fuesen ellos porque le había dado un ataque de ciática. Estos salieron del vehículo y él abandonó el lugar conduciéndolo. El botín: 298 millones de pesetas, más de 1,7 millones de euros.
Muchos lo idolatraron, ya que ese hombre normal y aburrido, bizco, se había hecho de oro sin hacer daño a nadie; es más, pensaron que se había llevado el dinero, pero había sido tan noble como para dejar una cantidad que cubriese los sueldos de sus compañeros. Lo cierto es que dejó las monedas, cuyo peso haría muy difícil su transporte.
“Es un poco complicado de contar. Yo trabajaba en esta empresa, empecé en la puerta de un banco, para que no lo atracaran, lo habían atracado ya cuatro veces. Me mandaron al barrio de la UVA. Estuve dos años y por el buen servicio me mandaron a transportes blindados, y por el buen servicio me mandaron de jefe de seguridad, con cargo de nueve vigilantes, y de ahí pasé a escolta con Miguel Durán, director general de la ONCE, y, ya con ETA, me mandaron con Alfonso Escámez, el más amenazado, el presidente del Banco Central. También estuve con Alfonso Fierro, que era el presidente del Banco Ibérico, con el presidente del Banco América, con el director general de CEPSA, con Adolfo Suárez…, y con el presidente de la sala segunda del Tribunal Supremo. En aquella época el ministro del Interior me permitió llevar el arma incluso de paisano, no solo con el uniforme”, empezaba contando ayer a Sonsoles Ónega.
“El brote viene cuando a mí me piden que vaya de jefe de tres furgones blindados por la tarde. Y, en vez de 250.000 pesetas, me vienen en la nómina 70.000. Tenía un chalé, un piso en la avenida de Oporto, un Audi de segunda mano. Me cabreé, me dio un arrebato, y quedarme allí por la noche en el metro recogiendo sacos de monedas después de haberme dejado la piel con tanto terrorismo y tanto rollo…, sentí como si a ti te mandasen ahora con una mopa a fregar el plató. La gente decía: ‘Qué inteligente’… Un repartidor del camión de Coca-colas se lleva una caja y yo me llevé un saco. No es lo mismo, porque es el dichoso dinero”, agregaba.
Poco tardó en pasar las sacas del furgón a su coche: “Las cogía con dos dedos. Ahora cojo una caja de Coca-colas y me da el lumbago. Cogí el dinero del Banco Hispanoamericano y dejé la nómina de los trabajadores que limpian los aviones de Iberia, que era de 34 millones, porque yo a los trabajadores ni los toco. Lo de las pastelerías Mallorca también lo dejé porque era un negocio con trabajadores. Dejé unos 40 millones que eran de trabajadores. Lo del Banco Hispanoamericano estaba asegurado y el presidente era Mario Conde y mira por dónde que me lo encontré en la cárcel de Meco. ‘Arrieros somos, amigos’. Al final me lo embargaron”.
🗣️El Dioni recuerda cómo robó un furgón con 298 millones de pesetas: "Yo sabía que me iban a coger".
— Y Ahora Sonsoles (@YAhoraSonsoles)
Vida en Brasil
Con el dinero y el pasaporte falso, vía Portugal, viajó a Brasil, donde se dio una vida lujo y ostentación después de operarse para no ser reconocido y disimular su ojo bizco (que no era un defecto de nacimiento, sino la primera marca de su trayectoria personal, tras el latigazo con un cable que le dio un vecino cuando era pequeño).
“A mi familia no le dije nada. Solo tenía una novieta en aquella época: ‘Si a las diez de la noche no vengo, es que me he llevado el furgón’, le dije. Yo creo que me salió bien por eso, porque no lo preparé. Si lo preparo, me llevo más”, revelaba a la presentadora.
Trató de comprar a la policía local para que diesen su identidad a un cadáver y lo declarasen muerto, pero se encontró con que ellos también querían hacer negocio y le pidieron tal cantidad de dinero que no hubo acuerdo y lo entregaron a la policía española, que no llegó a dar con la localización de todos los billetes robados (amén de todo aquello que gastó en aquellos meses de descontrol).
Sin un duro
Y ahora, a sus 75 años, ¿queda algo de aquel botín? “No tengo ni un euro de lo robado, vivo de mi pensión de jubilación de 700 euros. Ya no canto ni hago bolos. No ando bien de dinero y me agobian las deudas. El dinero desapareció. Yo me quedé muy poco porque me traicionaron”, dijo hace unos meses en una entrevista en la revista .
“Con la golfería que hay en este país, empezando por las altas esferas, lo mío se queda en una anécdota. Me entran ganas de robar otro furgón. No tengo remordimientos de conciencia”, agregaba. Y llegaba a bromear ayer en Antena 3 con que el siguiente en ponerse su peluca rubia sería José Luis Ábalos.
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Ya lo decía Sabina: “Vaya nivelón / Menudo aprendiz de brujo / Nariz a lo Indiana Jones / Peluquín de lujo / Pero al loro / Que el destino es un maricón / Sin decoro / Te da champán y después chinchón”.
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