Costa: “He decidido ponerme límites reales”
Hugo Ortiz afronta la recta final de su ‘reconstrucción’ con un doble disco, ‘Sangre Dentro’ y ‘Sangre Fuera’, que disecciona en una charla con Diario AS.


Son las diez de la mañana cuando la fuente del Parque Eva Duarte de Perón comienza a escupir agua. Los primeros compases del verano están pasados por lluvia, pero la ola de calor todavía reverbera en las esquinas de la capital. Por ello se agradece la resurrección del ornamentado monolito, situado en el cruce entre las cuatro grandes rúas que vertebran el parque. Desde una de ellas, y a través del chorro, distingue un servidor a un individuo alto y musculoso, colmado de tatuajes y que se coloca su gorra plana con el gesto de un cowboy.
Costa (Madrid, 1979) es inconfundible. Se mueve por el centro de Madrid con la naturalidad de quien dibuja mapas mentales en la palma de su mano y los cartografía de cuando en cuando en una esquina de su memoria. Luego toma asiento en una de esas mesas de metal que pueblan los jardines urbanitas. Su voz grave parece brotar de las mismas tripas de donde, dice, nace el arte; sonríe porque acaricia su alma una luz que lleva mucho tiempo persiguiendo y que ahora, amén de su último trabajo, por fin atrapa: este verano ha estrenado ‘Sangre Dentro’, primera parte de un disco doble que se completará el próximo mes de septiembre con ‘Sangre Fuera’. Ambos trabajos recogen los fractálicos cristales de su vida y culminan su bendita reconstrucción.

-¿Qué has desayunado?
-Un café. No suelo comer nada, la verdad. El cuerpo me pide desayunar por mi obsesión con el deporte, con el ejercicio diario, pero es que nunca he desayunado. Me cuesta que te cagas. Sin café no soy nadie, pero desayuno sólido... Me cuesta que entre.
-¿Haces mucho deporte?
-Me es necesario.
-¿Cuál practicas?
-Siempre he hecho muay thai; ahora lo hago un par de días a la semana. Y pesas, resistencia sobre todo. He pasado por halterofilia estos años, crossfit, powerlifting. Todo lo que es peso y está relacionado con ello. Estoy ‘metidísimo’ en eso. Igual que lo estuve con el muay thai, que me salvó la vida.
-¿Por qué?
-Era mi época más caótica. Estaba metido en dinámicas muy chungas; chungas de verdad. Y la fuerza física del entrenamiento, el esfuerzo que se requiere para hacer muay thai... fue eso lo que me hizo cambiar de paradigma. Fue como empezar a meditar. A pensar. Hasta el momento ni siquiera lo había hecho. Pero cuando empecé a entrenar fuerte con los chavales que eran competidores salía cada día del gimnasio con todo más claro. Fue una introspección.
-¿Encuentras algo en común entre el muay thai y la música?
-Claro. Desde luego. Son mis dos grandes partes. Sin tener que ver una con la otra están conectadas totalmente porque son parte de lo mismo: es la tela sensible; las emociones, incluso. Lo físico me permite mantener las emociones limpias. Sudar hace que sienta mejor. Yo y cualquiera, vaya. Le metes oxígeno a la sangre, te llenas de endorfinas...
-¿Meditas más creando música o consumiéndola?
-Consumiéndola. Sigo siendo un buen consumidor de música. La que tú vas produciendo llega un momento en el que, cuando la pones encima de la mesa, te pega un petardazo introspectivo. Por ejemplo, cuando sacas una canción y la escuchas mezclada o masterizada; o cuando has acabado un disco y te lo pones en el coche, que te da una llorera de la hostia. Pero también en el proceso estás basándote en emociones: esta melodía me gusta, voy a hablar de esto, etc. Sí que es verdad que a la mínima que la música de otra persona te gusta y la llevas en los cascos o conduciendo... Te lleva a ese otro lado de la percepción. Es meditar, pero solo escuchando música. Es lo principal de la vida. Al menos para mí (ríe).

-¿Te refieres a que la música la crea Costa, pero la escucha Hugo?
-Puede ser una forma de decirlo. Aunque también hay veces que la hace Hugo y la escucha Costa. Depende del momento.
-¿Y en qué se diferencian?
-No sé si esta idea es una tontería mía... Pero creo que Costa es la manera de que la gente entienda a Hugo. Costa es ponerle poesía a una parte de mi vida y narrativa para que poética y musicalmente se entienda.
-Sacaste tu primera canción en 2004. Llevas más de 20 años al pie del cañón...
-Sí. Hay que entender que cuando yo saqué ese tema la industria no tenía nada que ver con lo que es ahora mismo.
-¿En qué ha cambiado?
-En todo. En el volumen, en las formas, en los formatos. En todo. Yo estuve una década luchando por las sombras. Durante la primera etapa, los primeros discos no tuvieron ningún reconocimiento. Dicho así, para que la gente lo entienda; no quiero andar por las nubes. Tuvieron más palos que reconocimiento.
-¿Mucha crítica?
-Solo crítica.
-También era algo nuevo en España...
-Sí. Todo era diferente y cuando salía algo nuevo la corriente general era apartarlo. Costaba un tiempo que las cosas se integrasen en ese ente común. Ahora es todo mucho más abierto.
-¿Cómo recibiste aquellas críticas?
-Encantado. Eran unos paletos.
-¿A qué crees que se debía? Algo criticarían más allá de que fuera un estilo nuevo...
-Siempre se me achacaba que fuera muy americano. Ese rollo. El hip hop de aquella época, no todo, pero sí la mayoría, tenía unas características muy determinadas. Esto se salía del molde y tenía más que ver con la realidad diaria, con la calle
-¿Era más explícito, más crudo?
-Te pongo un ejemplo. No se llevaba mucho lo de hablar en primera persona. Se contaba una historia, eso sí. Pero la perspectiva mía de soltarlo en primera persona no se llevaba.
-¿Te consideras un referente, un pionero de tu género?
-Sí. La verdad es que sí.

-En ese juego de letras reales se mezclan una luz muy pura y una oscuridad densa y pegajosa. ¿Consideras que para hablar de las oscuridades hace falta haberlas vivido?
-Creo que todos tenemos oscuridades. La cosa es de qué tipo. Hay niveles y formas en la oscuridad. Hay gente que tiene cerrada la puerta a la oscuridad y que gracias a lo que sea, no las ven o no tienen por qué atravesarlas. Pero no sé. A mí a veces me da un poco de pena la gente que no ha vivido verdaderas oscuridades porque luego sufren por cosas por las que no creo que se deba sufrir. Es una reflexión que he tenido estos últimos años.
-¿Ha cambiado Costa de aquel chico al adulto que es ahora?
-Sí. Claro que sí. Ha pasado una vida. Yo era una bala inconsciente. Todavía sigo siendo alguien hiperbólico: me encuentro en la hipérbole tanto de lo bueno como de lo malo. Y si ahora soy así... Hace 20 años, imagínate. Era una locura.
-¿Qué le dirías a ese Costa?
-Cuidado al dormir en el tejado.
-¿Algún doble sentido?
-Todos los sentidos.
Al Costa de hace 20 años le diría que tuviera cuidado al dormir en los tejados
Costa
-Son palabras de antihéroe...
-Considero que, de alguna manera, lo soy. Sí. Desde la perspectiva de la narrativa en la que siempre hay alguien que prototípicamente, o por cliché, la mayoría de la gente se identifica con él, que es el héroe, tiene que haber otro que sea su contrapunto: que le combata y que tenga ciertas características que no todo el mundo comparta, pero sí alguna gente. Eso es el antihéroe. Y yo lo soy.
-‘Sangre Dentro’. ¿Qué significa este trabajo para ti?
-‘Sangre Dentro’ es el primer volumen de este disco, que completo se llama ‘Sangre dentro, sangre fuera’. En septiembre sale la segunda parte. Es una metáfora que proviene de una frase en inglés: ‘blood in, blood out’, que viene a decir que todo tiene un precio, que la sangre con sangre se paga. Y yo me lo he llevado a lo emocional, a la introspectiva; a sacar los sentimientos y aclararlos. Podría decirse que es eso: todo se paga.
-¿Qué has aprendido con este disco?
-A delegar con confianza, a disfrutar con mesura; a disfrutar los tiempos de creación y no ponerme ningún tipo de barrera temática. Lo he improvisado la mayoría. Es un gusto que te cagas sentarte con una música que te gusta y empezar a soltar frases como un loco. Es un juego que llevo haciendo toda la vida y que me sigue apasionando
-¿La letra con sangre entra?
-Qué difícil. Pero, a lo mejor, tiene algo de cierto, desgraciadamente. La letra o todo. Ojalá que no fuera así, pero me temo que sí. Y no solo sangre. En relación con lo de la meditación, en Estados Unidos se ha puesto de moda ser encerrado para meditar y que no te dejen salir. Y ahí se han dado cuenta de lo difícil que es estar encerrado en un sitio a la fuerza por lo que la mente enfrenta en ese momento. No significa que sea bueno ni positivo, para nada, pero desde luego ahí se pueden aprender ciertas cosas de supervivencia que no se aprenden si no te fuerzan a ello. Es como nadar. O montar en bici. Hay un momento en el que tienen que soltarte. La vida tiene algo de eso.
-¿Tu idea inicial era dividir el disco en dos partes?
-Al principio no.
-¿Y por qué lo hiciste?
-Fue por la forma que estaban tomando los temas que teníamos y en los que estábamos trabajando. Además, yo no quería dejar de currar de repente, que es una dinámica que había hecho en otros discos con los que nos dábamos la panzada y luego nos íbamos de gira. Quería seguir trabajando y tener contacto diario con el estudio. Entonces lo que hemos hecho ha sido dejar un sabor en un lado y otro sabor en otro.

-Te has referido al disco como una ‘reconstrucción’. ¿Por qué?
-Porque he decidido ponerme límites reales y partir de una reconstrucción real. Me he liberado de consumos, de relaciones, de cosas que me estaban lastrando de alguna manera.
-Y ahora, ¿nada?
-No bebo. Fumo. Y con las drogas nunca he tenido verdadero conflicto, aunque la gente no se lo crea.
-¿Llevas mucho tiempo queriendo hacer esta reconstrucción?
-Sí, sí. Sintiéndolo de verdad y muy lastrado por no poder llevarlo a cabo. El detonante fue el deterioro de mi relación personal con mi pareja. Ahí dije: ‘se acabó’. No tengo hijos. Lo que tengo es una familia en la pareja que busco y que me encuentra. Me lo empecé a tomar todo de otra manera. Y llevamos ya un año con esa perspectiva.
-No ha sido un paso fácil, imagino...
-No. En absoluto. Han sido años de saber qué era lo que me estaba pasando y qué hacía mal y no poder solucionarlo o no tener la entereza para hacerlo. Eso era un agujero
-¿En qué piensa Costa cuando se va a dormir?
-En todo. No puedo dormir. Tengo la mente muy excitable. Puedo estar tres horas dándole vueltas a las cosas. Me tengo que poner documentales de geopolítica con millones de datos sobre los precios del petróleo y la yihad internacional para que las cosas que estoy pensando se calmen. Necesito meterme más información para que mi información baje.
-¿Y con qué tienes pesadillas?
-Es recurrente. Se trata de un espacio más o menos siempre parecido en el que aparecen los diferentes símbolos de mi vida. Los muertos y los vivos que me duelen.
-¿El rap debe nacer de la cabeza o de las tripas?
-De las tripas. Es más artístico. Diría que la cabeza la tenemos todos, pero para entender a la tripa debe pasar por el alma. Y eso es el arte.

-¿Qué es el rap?
-Decir la verdad.
-¿Y si se miente?
-No es rap.
-¿Cómo defines tu manera de crear arte?
-Explosiva, caótica, convulsa y sanadora. Una terapia de choque. Un desfibrilador. ¡Pang!
-¿Y el amor?
-Lo que hace que todo funcione. El amor es el elemento que está entre todos y que engloba todo lo bueno; lo que nos une. La cordialidad, la honestidad, la educación. Todas esas cosas son actos de amor
-Si en 30 años nos tomamos una cerveza en esta mesita, o en tu bar preferido, ¿qué te gustaría decirme?
-Cuando tenga 75 años... (suenan pájaros) Me molaría decirte que estoy en paz y que he hecho lo que quería. Ojalá te pueda decir lo mismo que te he dicho: que estoy en paz conmigo y que estoy contento de hacer lo que hago. Algo así.
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