La Milagrosa, el grupo que se convertirá en tu religión... Con guiño a Lamine Yamal
El grupo liderado por Germán GES debe su nombre a una aparición de la virgen y la música lo celebra: sus letras profundas envueltas en indie-punk se han convertido en una religión que no deja de sumar fieles.


“Dime qué tengo que hacer para dejar de ser / El que se queda sujetándote el pelo / Dime qué tengo que hacer, no quiero amanecer / Con la resaca de ser tu coletero”
Tiene algo la música de La Milagrosa que es distinto. Que de repente lo escuchas y te quedas. Tatareando, aunque sea la primera vez. Con sus letras prendidas a la cabeza. Que te envuelve. Será por la mística que lo empaca desde el día que nació. O más bien la noche. Esa en la que a Germán GES (Madrid, 1994), entonces un cantautor con ganas de darse un giro y de otro proyecto, de una banda más acorde con las letras que le bullían adentro, más profundas y aceradas, teñidas de un oscuro de esos que te calan hasta el tuétano. Hoy es jueves, hoy Germán llega a los pies de esa iglesia en Madrid bajo cuyo portalón ya esperan Jesús Martínez (Lorca, 1994) y Gonzalo Sánchez (Madrid, 1994) con unos pantalones vintage ribeteados por botones en los bajos que se llevan halagos y una virgen refulgiendo en una cadena plata en su cuello. Es La Milagrosa. La misma que da nombre a ese santuario donde AS los cita. Esa que se le apareció en sueños para que alzaran la mano entre tanto grupo y banda igual en la música española en 2021. Como el cuadro de Munch, la Calle Karl Johan, todos hacia el mismo lugar y uno distinto, hacia el contrario mientras abre camino. Esos son ellos. La Milagrosa. Porque en honor a ese sueño se puso su nombre. Crean en ella. En ellos. Con letras de The Smiths y sonido de The Cure.
“Estamos muy cerca de la frontera”, bromea Germán como saludo. La frontera como lugar imaginario pero palpable en uno de sus hits: Ponzano. Sus letras son cuchillas, cortan sangran, envueltas en una atmósfera onírica que ha ido endulzando con los años, mientras los miembros han gravitado a su alrededor hasta llegar los cuatro adecuados y completarse como formación. Primero fue Jesús, luego Gonzalo y hace un año Marina Moon (Barcelona, 1997), la mujer a la batería para abrir un propio camino a las demás, en ese lugar que ella no atisbaba de niña porque no había ninguna. El match es muy de ahora. Por un DM de Instagram. Una cerveza y un para siempre. Ellos. Los cuatro. Su público no para de crecer. Ese que les lanza coleteros en los conciertos, en honor a otro de sus hits. Porque cada canción lo es. Subiendo en una recta vertical sus escuchas mensuales en Spotify, su disco, editado en febrero de 2025, es una declaración de intenciones: Ya No Me Duele Mal. Con canción homónima y guiño a Lamine Yamal que estuvo en el setlist de su concierto en la Razzmatazz de Barcelona. Para repetir cuando los escuchas por primera vez. Y tripitir. Una y otra vez. En bucle.
En marzo de 2023 publicaron Cervezas, Colillas, Rayadas, Pesadillas y por Ácido Hialurónico. Después llegaron Coletero y Renacimiento Psicodélico, en un nuevo doble single. Aquel mayo, fueron uno de los grupos ganadores del Mad Cool Fest. Con Ya No Me Duele Mal con el que llevan varias semanas girando y con el que colgaron el ‘No hay Billetes’ de la Sala Sol, han recorrido Torrelavega, Córdoba, Sevilla, Málaga y les llevará a festivales como el Tomavistas en Madrid (31 de mayo), el Palencia Sonora (6 de junio), el Mallorca Live (13 de junio), el Fortaleza Sound (21 de junio), Brizna, Huesca (1 agosto) y Love to Rock (10 octubre) y actuarán en Granada el 26 de abril (Sala Planta Baja). En una religión que, a cada paso, va sumando cada vez más feligreses rendidos a su música. Suelen dejar los suelos de los escenarios en los que tocan llenos de coleteros...
“Contigo acompañando mira (no se está tan mal) / Sentirse así / Contento y / Sin miedo a la muerte / Saber que quieres tripitir / El plato lleno siempre...”.

Germán, cuenta siempre que el germen de La Milagrosa fue un sueño en el que se le apareció la virgen y le dijo que tenía que empezar este proyecto. ¿Cuál tenía usted en solitario para que lo cambiara tanto ese sueño?
Germán GES: El sueño tenía antecedentes de empezar ya a tener dudas de si seguir con ese proyecto en solitario o empezar algo nuevo. Lo que estaba haciendo era como muy distinto.
¿Muy distinto, cómo?
G. G.: Más cantautor. Y empecé a componer como más… La primera canción de La Milagrosa que hice fue, de hecho, Cansado, para ver un poco la diferencia entre una cosa y otra. Y en ese impasse estaba pensando si seguir con ese proyecto y hacer banda desde cero y ahí soñé con La Milagrosa que me dijo que tenía que hacer banda.
¿Cuándo fue esto?
G. G.: Después de la pandemia, 2021 más o menos.
¿Y esa medalla (una que lleva al pecho, sobre la camiseta blanca, con la Virgen de La Milagrosa impresa) es posterior o anterior?
G. G.: Posterior. Me la regaló un amigo.
¿Y cómo fue ese sueño? Descríbalo.
G. G.: Se me apareció la virgen y me dijo: “Haz una banda”. Y en honor a ese momento le llamé La Milagrosa.
Y se puso en contacto con Bernie, productor de ‘Depresión Sonora’, porque le gustaba mucho su sonido, ¿no?
G. G.: Efectivamente. Me gustaba mucho el rollo y me moló cómo lo llevó a las siguientes canciones. Hablé con él, que también había producido cosas de Carolina Durante y me ayudó a seguir haciendo el resto de canciones y crear el sonido del que luego fue el primer EP.
Donde encontró a Yisus (Jesús Martínez).
G. G.: Sí (sonríe). El primer EP lo grabé yo en solitario con Bernie y luego ya Jesús se metió a posteriori. Con Viña que era el antiguo bajista y Natalia, la antigua teclista, hicimos la banda y poco a poco hubo cambios hasta que la formación final fue Jesús (guitarra), Gonzalo (bajo), Marina (batería) y yo, voz.
Jesús, ¿a usted qué le gustó del proyecto de La Milagrosa cuando conoció a Germán?
J. M.: Yo conocí a Jesús unos años antes de que empezase a fraguarse el proyecto y recuerdo que, cuando él estaba en esa fase de empezar por su cuenta con Bernie, me iba contando. “Estoy pensando hacer esto”. Ya le había visto en su rollo en solitario, como cantautor, en este nuevo paso, le animaba un montón. Me parecía súper interesante. Luego, justo, en una conversación, una tarde tomando una cerveza, me dijo: “Pues voy a necesitar un guitarrista, ¿qué te parece?”. Y a mí me pareció genial. A tope con ello.
Porque todos tenían otros proyectos.
J. M.: Tocaba en directo y llevaba tiempo componiendo, pero en mi caso éste es el primer proyecto más serio. En el caso de Gon es diferente.
Gonzalo Sánchez: Yo había tenido grupos serios entre comillas que tampoco habían alcanzado un nivel de reconocimiento muy alto pero que, para mí eran importantes. Había sido entre los 18 y los 24 años aproximadamente. Luego estuve parado un tiempo. Y volví a formar parte recientemente de otro que se llama Fuet, en el cual sigo. Integré La Milagrosa en mi vida sin perderlo.
¿Y cómo le llegó a usted La Milagrosa?
G. S.: Germán y yo somos compañeros del colegio desde muy pequeños. Nuestro primer grupo fue juntos, con 13, 14 años.
¿Se llamaba?
G. S.: Adrenaline.
(Risas de todos).
G. S.: A-dre-na-li-na en es-pa-ñol (remarca con solemnidad antes de volver a reír). Viene de una frase del primer concierto… Ese grupo no duró mucho pero mantuvimos la amistad. Yo supe de La Milagrosa cuando se estaba fraguando. Germán y yo nos entendemos musicalmente de siempre y confiamos en gusto mutuo el uno del otro, y cuando se abrió el puesto de bajo, me pegó un toque y aquí estoy.
“Podemos gustar a los indies pero también a gente que le gusta un rollo más underground”
German GES, La Milagrosa
Acaban de sacar su disco Ya No Me Duele Mal en febrero. ¿Cómo notan que lo está recibiendo la gente? ¿Cada vez más gente está rendida a La Milagrosa?
G. G.: Sí. La acogida ha sido muy buena. Gente que nos solía escribir lo ha hecho para decirnos que le ha gustado mucho y gente que no solía, lo ha hecho también. Eso te da una pista de que está gustando, que está llegando a más gente. También notamos más interés alrededor del proyecto, que los conciertos tienen más tirón. O como un amigo me dijo el otro día: “Me flipa que cada vez que voy a uno de tus conciertos reconozco a menos gente”. Eso es algo que es bastante significativo, sobre todo en tu ciudad. Una pista de que estás yendo por el camino correcto.
Hace dos meses lo presentaron de manera oficial en la Sala Sol. Con ‘sold out’.
G. G.: Fue muy bien. Había un ambientazo brutal y la gente se sabía todas las canciones, hasta las que habían salido hacía dos semanas.
Sin ser sus amigos, o amigos previos. ¿Ustedes desde el escenario también notan eso?
G. G.: Sí, sí. Recuerdo que en El Sótano, que estás un poco más a ras del público, cuando salí a cantar la primera canción miré al frente y no reconocí a nadie y eso es algo que nunca me había pasado en Madrid.
¿Cómo ha ido evolucionando su sonido? ¿Y las letras? Ha sido siempre existencialistas, nihilistas, pero en este último disco, han tirado de más ironía.
G. G.: Hay un poco más de amplitud de paleta de temas. Nosotros al final nos íbamos demasiado a la comida de cabeza gratuita, un poco. Eso no deja de fliparme y no dejo de hacerlo pero es como: “Vale, me sé comer la cabeza, guay, pero vamos a ver qué más cosas podemos hacer”. Ahí también hay una clara influencia de los demás. Yisus puede enviar algo para componer, Marina… En lo que antes era un ejercicio más propio, introspectivo de mí mismo, ahora es más colectivo y se puede jugar con otro tipo de cosas. Con más temas. Con ironía como con Ponzano o, de repente, Ya No Me Duele Mal, que es más esperanzadora cuando antes no era así.
Marina, y a usted ¿cómo le llega La Milagrosa?
Marina Moon: ¡Por un mensaje de Instagram! Un DM (ríe). Un DM travieso... Es curioso porque yo además estaba en una época en la que, además de mi proyecto de Marina Moon, buscaba oportunidades como instrumentista en otros proyectos y lo debí de manifestar o proyectar de alguna manera porque me escribió Germán.
La virgen otra vez. Aquí todo parece estar conectado con eso...
M. M.: (Ríe) Sí, sí. Tiene algo de magia milagrosa por ahí (ríe de nuevo). Me llegó el mensaje y yo, la verdad, no conocía la banda pero, en cuanto me la puse en Spotify, me alucinó sin ser yo nada de eso, que a mí la música indie nunca me ha llamado la atención, pero a La Milagrosa le noté un toque diferente, como de oscuridad. Cosas del punk, la rama de la que yo vengo. Entonces conecté súper fácil. Nos tomamos una cerveza un día, súper bien, hicimos un ensayo, me aprendí equis temas, fluyó y ya me quedé. Ni siquiera me dijeron: “Contratada”. Supongo que lo estoy a día de hoy (ríe, ríe otra vez, clara y plena).
Porque hasta llegar Marina, el grupo tenía una base instrumental, ¿no?
G. G.: Sí. Ahora también tocamos con bases pero antes parte de esa base era la batería. Ahora lo que hacemos es que las atmósferas son sintetizadores porque no tenemos ningún teclista. O cosas que están en la producción del disco y no se pueden replicar en directo porque es complicado. Tocamos sobre eso pero la batería es Marina, el músculo rítmico.
Porque en la música no solo hay mujeres en el front del escenario, sino también a la batería. Como usted, como Julia de Rufus…
M. M.: Totalmente. Yo creo que se ha visto un cambio muy, muy fuerte en los últimos años. De pasar a ver solo frontwomen, mujeres cantantes, era el lugar que se nos daba, y ya, a que haya un montón de mujeres instrumentistas. En bandas. Repion. Aiko Grupo. Las Shego. Ahora hay muchísima representación. Yo intento tener siempre a las instrumentistas ubicadas porque me gusta esa red de mujeres que hay en instrumentos en bandas.
“Me hubiera gustado tener más referentes de mujeres instrumentistas de niña. Creo que lo que me empujó a hacerlo es no ver. El decir: ‘Ya que yo no he tenido el ‘rolmodel’ pues me gustaría serlo”
Marina Moon, La Milagrosa
¿Usted tenía algún referente cuando empezó en esto, cuando era niña?
M. M.: Pues me hubiera gustado tener más. Yo creo que me empujó a hacerlo no ver tantas. Sobre todo a chicas que se acompañaban a la guitarra. Avril Lavigne, Helly Williams de Paramore y poco más. Sobre todo en España. Cero representación. Siempre me llamó mucho la atención y dije: “Ya que no he tenido yo el rolmodel pues me gustaría serlo para otras niñas, que se animen”.
El indie al final se ha convertido en una bolsa que sirve para definir cada vez más y más difuso, pero ¿La Milagrosa puede encuadrarse ahí? Con sus letras oscuras, sus sintetizadores…
G. G.: Yo creo que podemos gustar a los indies pero también a gente de un rollo más underground. Estamos en esa línea que podemos jugar con conectar con un público tan amplio como el del indie, algo que está muy bien, pero no consideraría que lo seamos puro. Las etiquetas cada vez se desvanecen más y decir que somos indies no sería del todo correcto. Hay mezcla.
En los últimos años está aflorando en España el sonido postpunk. Ustedes, Alcalá Norte…
G. G.: Cien por cien. Nos vemos más identificados con esa ola que, sin necesidad de ser indie pueda haber un rollo indie, pero va por unos derroteros un poco más postpunk, oscuritos... Un género que suele basarse poco en el optimismo y en nuestro caso, como en el de La Paloma o La Élite, es un poco más desesperanzador.
J. M.: Es una reflexión que hemos tenido más veces. Cada cierto tiempo, cuando alguien conoce el grupo o dices: “Tengo una banda”, y te preguntan: “¿Qué música hacéis?” y tú no sabes qué decir. Indie es la respuesta fácil porque, como tú decías es una bolsa, un cajón desastre hoy. A veces es como una forma rápida de ubicar lo que hacemos dentro del contexto que la gente por lo general entiende.
Todo con La Milagrosa comenzó a ir rápido en el Mad Cool de 2023, ¿no?
G. G.: Sí. Aquí en ese momento estábamos Jesús y yo y más que de cara al público, que sí, fue también un cambio de mentalidad, de empezar a tomármelo más en serio. A decir: “Hostia, estamos haciendo algo que es diferente que la cantidad de miles de grupos que hay ahora mismo y donde es muy complicado diferenciarse, porque hay una barbaridad y gente haciéndolo muy bien también”. También porque ese día sacamos también la canción de Con Otra Cabeza que fue la primera que realmente tuvo unos números bastante representativos de a nivel: “Hostia, esto nunca me había pasado”. Ese tipo de cosas te hacen cambiar la mentalidad, centrarte. Poco a poco se fue colocando todo para que Gonzalo pasara a tomar el papel del bajo y habláramos con Marina para que cogiera la batería y quedara la formación final. A raíz de ese Mad Cool.
¿Y por qué la eligieron a ella? ¿Ese DM?
G. G.: Mira (se escucha a Marina carcajear de fondo) me costó bastante dar con una chica batería. Yo tenía muy claro que quería una en la banda. Cuando voy a ver conciertos de otras, y que muchas son así, yo he tenido otros grupos así, me aburre mucho ver a cuatro pibes, cinco en el escenario. Me gusta ver más variedad. Y me aburre mucho también ver a cuatro tíos en un escenario y una cantante. Es como decir: “Otra vez”. De entrada me gusta que haya una representación de la sociedad. Es como si vas a un colegio solo de chicos o chicas, qué aburrimiento. Y así fue como dimos con Marina que toca increíble, que nos llevamos súper bien de relación, y eso es casi lo más importante. Fue un match perfecto.
¿Qué música escuchaban en casa?
G. S.: Yo, rock. U2 es el grupo que me hizo interesarme en aprender un instrumento. Foo Fighters, Green Day..., grupos que eran como muy reconocidos a nivel mundial. Y luego Muse. Y también bastante indie. Arctic Monkey, The Strokes... referencias muy clásicas.
G. G.: Muy crush más heavy de referencias poco habituales fue con Tokio Hotel. Me dio muy fuerte con ese grupo. Un par de años de adolescencia obsesivos. Y más allá, otros de los que me gustó el primer disco fueron Coldplay. Aprendí a tocar el piano con ellos y lo que desencadenó el resto de cosas también.
J. M.: Yo diría que, hasta los 16, tuve una mezcla entre lo que se escucha en el coche o en casa, pasando por bandas de pop-rock español, aunque luego me fui metiendo más en el rock como Extremoduro, e internacional, como The Strokes, y ese momento en el que tuve esa obsesión por un artista o referente como John Mayer, que fue el ejemplo supremo que alguien que es técnicamente a la guitarra muy bueno y se centra también en la parte compositiva. Con canciones muy buena que pueden ser pop, blues y rock al mismo tiempo y conectar con la gente.
M. M.: Qué difícil. Soy consciente de que soy la más joven y entré en una época Disney Channel en la música. Y me pegó muy fuerte los Jonas Brothers y toda esta ola de pop que se hacía para adolescentes. Pero lo valoro mucho porque fue entrar ahí y con esas guitarra me fui a lo más oscuro y entre en fandom como Paramore, Green Day, Once Forty Music, todo este emopunk de los 2000 y ahí me machaqué a aprender a tocar de todo. La guitarra, la batería, a tomarme en serio cómo usar mi voz... Se lo debo a ese género. Sí que no escuchaba música en español porque estudiaba fuera.
¿Dónde?
M. M.: En Londres. De los 18 a los 23. Y toda mi época adulta primera. Tenía poca conexión con lo que se hacía en España, sí que mi pareja entonces me adentró un poco en el mundo cantautores, en el mundo indie y supe apreciarlo de otra manera, dentro que no me considero fan de esa música. Ahora que llevo un año en el proyecto de La Milagrosa, con los chicos, lo bonito es que acabas tomando de muchas fuentes para hacer algo que es propio tuyo y así lo sientes.
¿Cómo ha cambiado La Milagrosa que miembros como Jesús, Marina, que también compongan, más allá de usted, Germán?
G. G.: Bastante, y seguirá cambiando. Pero de cara a este disco a sido un proceso más de catalizador de ideas. Él (Gonzalo) me lanza una, Jesús, otra, la discutimos los cuatro. Hemos ido seleccionado para tener un disco variado y, una vez hemos tenido ideas, las hemos ido grabando. Ha sido todo un working progress. A veces está bien porque te da mucha felicidad, pero a veces mal porque nunca acabas: está más abierto y es un poco más una locura. Este disco me ha tocado producirlo a mí y lo hemos hecho así pero, a futuro probablemente cambie si hay un productor externo. A nivel composición sí que no porque nace de una experiencia individual que luego compartimos con el resto y vamos puliendo. Dentro de un mes vamos a ir a una casa a componer todos juntos.
El disco ha salido hace nada ¿y ya se van a encerrar para lo siguiente?
G. G.: Pues sí, hija, sí (ríen). Hay que seguir teniendo la rueda activa.
J. M.: El tema de los tiempos en estos proyectos es así. Una sensación como súper rara: el presente de la gente es nuestro pasado. Obviamente también es nuestro presente, ver cómo se recibe, pero en la creación es pasado completamente. Ahora vamos a centrarnos en lo que se será el futuro.
¿La canción de Ponzano de dónde surgió?
G. G.: Esa… Fue el cumple de un amigo que lo celebró en Ponzano y dije: “¿Qué hago aquí? ¿Qué es este ambiente?”. No me representaba nada. Es una sensación que, un poco, creo, hemos tenido todos, caricaturizada. A lo mejor Ponzano para ti puede ser otro sitio o Ponzano, el tuyo y lo de la canción Malasaña o Conde Duque. Es un poco esa sensación de “tío, hay sitios a los que no perteneces y ya está”.
¿Notan que es una canción muy representativa suya?
G. G.: A la gente le gusta mucho.
M. M.: Ha gustado mucho, sí.
G. G.: Es muy pegadiza, la gente se siente muy representada con Ponzano en concreto.
G. S.: Como grupo nos representa más la letra que la propia música. También se planteó caricaturizar el momento en lo musical saliéndonos un poco del estilo más fiel a lo que veníamos haciendo. Al principio no estábamos seguros porque pensábamos que, quizá, era demasiado. Una canción que en La mayor, demasiado optimista, como que se separaba un poco de lo que veníamos haciendo pero….
M. M.: Pero era de como alguien se podía sentir en Ponzano. Es que no podía ser de otra manera.
G.S.: Exacto. Lo planteamos así y es que no podía ser de otra manera.
¿Cuáles son las favoritas de cada uno de ustedes del disco?
G. S.: Yo abogo por La Vida Es Una Mierda Pero A Veces Mola Un Poco. Es la que tengo ahora mismo yo en la cabeza constantemente.
J. M.: Como decía Gon es algo que va fluctuando y de repente una semana te da por una y, otra, por otra pero también es La Vida Es Una Mierda Pero A Veces Mola Un Poco.
M. M.: Yo mira que lo he pensado veces, pero siempre encuentro la misma respuesta: Ya No Me Duele Mal. No porque titule el disco sino porque yo creo que, desde que se pasó ese archivo de audio al grupo, que era una composición de Jesús, dije: “¿Quéééé?”. Me encanta. Otra Noche Más era como la había nombrado.
J. M.: Sí.
M. M.: Y yo dije: “No se puede llamar así sino Ya No Me Duele Mal”. La frase de la canción, la que más se repite. Tan frase que ha nombrado el disco.
G. G.: Yo Carlitos TV.
“Me declaro culpable de escuchar mi propia música de manera compulsiva”
Gonzalo Sánchez, La Milagrosa
¿Escuchan mucho su disco?
M. M: Yo sí. Entra bastante fácil. Las canciones no son muy largas.
G. S.: Yo también, la verdad. Me declaro culpable de consumir mi propia música de manera compulsiva (Marina ríe)
G. G.: Yo lo he escuchado tantas veces al producirlo que ya… Es como una especie de ritual. De dejar a la canción morir y yo existir.
M. M.: Que viva en la gente. Muere con nosotros y que se mantenga con ellos.
G. S.: Siempre, cuando escuchas algo que ya ha salido, tienes la sensación de que siempre va a estar inacabo. Pero no es algo que me haya pasado con canciones de La Milagrosa y las he escuchado bastante...
Están girando en estos momentos. ¿Notan que cada vez hay más gente que tiene ganas de verlos?
Al unísono: Sí.
G. S.: Y es muy gratificante, la verdad Y tenemos muchas ganas de verlos a ellos también, al público.
G. G.: Nos llegan cada vez más mensajes. Por Instagram, por ejemplo. En el último concierto en la Sol una vez vendidas las entradas hubo gente que se tuvo que quedar fuera.
Agotaron.
J. M.: Con mucha antelación además.
M. M.: A mí me hace especial ilusión que la gente empiece a usar el diccionario La Milagrosa. Como: “Aquí, un creyente más”. O como: “No dejo de creer”. Me hace especial ilusión y espero que se mantenga.

Tocarán en el Tomavistas, ¿lo han hecho ya en muchos festivales?
G. G.: No mucho.
M. M.: Alguno ha caído. El año pasado el Vesu en Oviedo. El Gigante en Murcia...
G. G.: Este año está el Tomavistas, el Mallorca Live, el Palencia Sonora.
Les veo en la plaza del Trigo, concierto sorpresa en el Sonorama...
G. G.: Ojalá.
M. M.: Nos manifestamos (ríen).
¿Son futboleros?
M. M.: Yo he jugado toda mi infancia
G. S.: Yo sí. He jugado prácticamente toda mi vida y me gusta, sin ser súper fanático.
“Cuando fuimos a la Razzmatazz era la primera vez que tocábamos Ya No Me Duele Mal, o Lamine Yamal para los amigos, y el setlist ponía simplemente su foto en vez del nombre. Intentamos hacérselo llegar, de hecho...”
Germán GES, La Milagrosa
¿Y su equipo?
G. S.: Soy del Madrid. Me viene de mis hermanos. Porque mi padre es del Atleti. Soy el pequeño de varios más mayores que ya tenían sus convicciones asentadas. Yo mamé de eso y me hice madridista, algo de lo que me siento orgulloso.
¿Cómo ve la temporada?
G. S.: Se ve al equipo no asentado, a las estrellas no del todo cómodas.
Si tuviera que comparar a La Milagrosa con un jugador del Madrid, ¿qué jugador sería?
G. S.: Pues diría que… necesito pensarlo.
Si quiere de otro equipo, puede... Lamine, por ejemplo.
G. G.: (Ríe) Yo como dato curioso, gracioso, voy diciendo que, internamente, llamamos Lamine Yamal a Ya No Me Duele Mal.
¿Y eso?
G. G.: Porque silábicamente entra ese nombre en el “ya no me duele tanto, ya no me duele mal”…
(Se une Marina)
G. G. y M. M.: “Ya no Lamine Yamal…” (ríen todos).
G. G.: Siempre hacemos una cosa en cada concierto: uno tiene que diseñar el setlist. Es decir, la lista está hecha, pero el que se encarga tiene que poner algo de la ciudad, alguna broma, lo que sea...
¿Como qué?
G. G.: Pues si tocamos en Murcia, Jesus es de allí y le toca pone la lista con las canciones pero al lado cosas típicas de Murcia… Entonces, cuando fuimos a la Razzmatazz en diciembre le tocó a Gonzalo hacerlo y era la primera vez que tocábamos Ya No Me Duele Mal, o Lamine Yamal para los amigos, y el setlist ponía simplemente una foto de Lamine como corriendo en vez del nombre. De hecho, intentamos hacérselo llegar por Instagram, pero se habrá perdido en el ruido.

G. S.: Por cerrar la explicación, la primera y la última silaba de Ya No Me Duele Mal forman Ya-mal. Es como que todo tiene sentido (explotan a reír los cuatro).
Entonces a La Milagrosa podríamos compararla con…
G.S.: Con Camavinga (vuelven a estallar todos en carcajadas). Estoy entre Camavinga y Fede. Pienso en jugadores muy polivalentes que se adaptan a cualquier tipo de escenario, que pueden hacer tanto defensa como ataque y un poco referencia a qué estilo de música hacemos, muy difícil de etiquetar. Podemos decir que es algo de postpunk, algo de rock, rock, indie en momentos puntuales. Como diferentes posiciones dentro del campo y diferentes escenarios en los que podemos funcionar.
G. G.: Cómo habla este chico...
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