JUAN GUTIÉRREZ

El caso Djokovic acabó en otra cosa

El número uno no ha incumplido ninguna regla, pero Australia le considera un riesgo como líder antivacunas y le pone de patitas en un avión.

(FILES) This file photo taken on February 16, 2021 shows Serbia's Novak Djokovic reacting after losing a point against Germany's Alexander Zverev during their men's singles quarter-final match on day nine of the Australian Open tennis tournament in Melbou
BRANDON MALONE
Juan Gutiérrez
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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La Corte Federal de Australia decidió desestimar el recurso de Novak Djokovic contra la cancelación de su visado, por lo que el número uno del tenis tuvo que abandonar el país y no podrá defender título en el primer Grand Slam de la temporada. No hay posibilidad de una nueva apelación. Acaba así la pesadilla, el bochorno, el sainete, el show, el esperpento… doce días después de que Djokovic anunciara su viaje a Melbourne con una exención médica que le permitía competir, a pesar de no estar vacunado contra el coronavirus. Se han utilizado muchas palabras para definir este caso, que comenzó siendo una cosa y ha terminado convirtiéndose en otra muy diferente. Entre ambas, Nole ha estado seis días detenido, ha tenido dos juicios y, finalmente,ha salido del Down Under con su reputación triturada.

La deportación de Djokovic fue decidida el viernes por el ministro de Inmigración, Alex Hawke, que hizo uso de su poder excepcional para cancelar unilateralmente visados. Hawke basó el dictamen en que el serbio es “un peligro público” para Australia, porque su negativa a vacunarse puede crear tendencia en la población, aumentar el riesgo de propagación del virus y producir disturbios sociales. El ministro reconocía, sin embargo, que Djokovic no tenía ninguna irregularidad en su visa, que la exención médica que le autorizaba a cruzar la frontera era válida, que no viola ninguna ley australiana, y que no puede contagiar actualmente, una vez que estuvo infectado hace menos de un mes. Es decir, todo lo que aparecía como clave en el origen del caso, y que condujo a otro juez, Anthony Kelly, a dar la razón al tenista, ha pasado completamente a un segundo plano. Djokovic no ha incumplido ninguna regla, pero el Gobierno de un país soberano considera que su presencia es un riesgo para la convivencia y le pone de patitas en un avión. El juicio se centró sobre todo en eso, en demostrar si Djokovic es un líder antivacunas o no. Con esa etiqueta sale de Melbourne. Y con un incierto futuro como deportista. Porque habrá más fronteras.

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